Regula, que te pilla el toro

Tras la muerte de David Jimeno durante el encierro del pasado viernes se han levantado algunas voces pidiendo al Ayuntamiento de Pamplona medidas para que aumente la seguridad en el encierro. Dejando de lado la necesidad de algunos medios de hacerse los progres alineándose en posiciones ligeramente antitaurinas, es evidente que cualquiera que diga que el consitorio no se preocupa de la seguridad en los encierros no tiene ni idea de lo que habla, ni de lo que son los encierros y los Sanfermines.

Para empezar, desde estas posiciones hay una cierta tendencia a confundir los encierros con San Fermín. Los encierros duran entre dos y cinco minutos, San Fermín dura todo el día. Durante los últimos años se ha cambiado el adoquinado del recorrido para hacerlo menos resbaladizo, más fácil de limpiar y se han eliminado las aceras para evitar tropezones de los mozos, amén de peatonalizar esas calles para evitar la degradación del suelo. Los puntos de atención sanitaria están diseminados por prácticamente todo el trazado, hasta el punto de que se tardó sólo alrededor de cuarenta segundos en atender al malogrado madrileño. Además, la Plaza de Toros cuenta con dos quirófanos y dos equipos médicos completos que pueden realizar dos operaciones simultáneamente. Históricamente, lo que más heridos y muertos ha causado en los encierros eran los montones de mozos caídos que se formaban a la entrada del coso. Tras la colocación de unas “ratoneras” que permiten a los mozos caídos salir del callejón, estas aglomeraciones prácticamente han desaparecido. Eso sin hablar de la labor de los servicios de limpieza a la hora de limpiar el recorrido (El Ayuntamiento de Nueva York los contrata una vez al año para que den seminarios a los suyos) y de la Policía Foral al retirar los borrachos del recorrido. ¿Hay comportamientos imprudentes? Sí, como también las hay en la carretera. El Ayuntamiento sanciona a los corredores con conductas peligrosas, incluso contempla la posibilidad de cursar denuncias por homicidio o intento de homicidio en caso de que sea necesario, amén de las palizas que algunos imprudentes se llevan por parte de otros mozos. Muchos lo ven como una prueba de intervención divina: la cifra de muertos en los encierros asciende a 15 en casi 100 años de encierros y sólo 3 desde 1995. Yo no creo en los milagros.

Luego está quien directamente aboga por la prohibición de los encierros. Sin entrar a debatir sobre la necesidad o no de mantener las tradiciones (que en el caso de los encierros tampoco es tan antigua) o asuntos de índole económica (no dejan de ser uno de los signos de identidad más importantes de San Fermín), ¿porqué existe esta tendencia a querer prohibirlo absolutamente todo? Mientras que nos alegramos porque en Irán haya protestas a favor de la libertad individual de cada uno, en occidente nos dedicamos a prohibir todo lo que huela a peligroso. Si uno se aburre o necesita demostrar su virilidad jugándose la vida está en pleno derecho de hacerlo, siempre y cuando no ponga en peligro a otros. No es de recibo vetar algo por el mero hecho de que conlleve un riesgo o acabaremos en un estado policial, porque a veces pensar puede ser muy peligroso.

Acerca de Javier Elío

Periodista. Guionista. Pitoniso fracasado. Farsante. Idiota
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