Y Mourinho encontró su Waterloo

Hace dos temporadas el Madrid llegaba al Camp Nou como las vacas llegan al matadero. Schuster había sido cesado como entrenador por declarar que era imposible que el Madrid ganara en el feudo azulgrana pero, tras dirigir un único partido frente al Zenit antes del clásico, Juande Ramos planteó un partido durísimo fundamentado en interrumpir constantemente el juego culé. Al final los de Guardiola salieron victoriosos, pero la goleada que se anunciaba durante la semana se transformó en únicamente dos goles en los últimos minutos del encuentro. La temporada pasada el escenario previo al encuentro era similar: el club merengue todavía sacudido por el alcorconazo y con una campaña mediática contra Pellegrini encabezada por el diario Marca, el equipo de los 300 millones de euros llegaba al estadio barcelonista con una sensación de inferioridad que, según algunos medios, podía dar con los huesos del técnico chileno en el paro en caso de derrota. El Barcelona venció con un único gol que nunca será suficientemente bien valorado de Ibrahimovic y que acabó valiendo media Liga, pero el conjunto blanco dispuso muy buenas ocasiones para ponerse por delante en el marcador, e incluso dominaron claramente varios tramos de la primera parte. Marca tituló en portada “sabor a victoria”.

Esta vez era diferente. El Madrid no sólo llegaba líder al Camp Nou, como la pasada campaña, sino que por primera vez en las últimas temporadas parecía en condiciones de plantar cara al Barça. Liderados por el General Mourinho, habían ofrecido una imagen muy solida a lo largo de la temporada. Cristiano Ronaldo goleador, Casillas salvador, Mesut Özil como el enlace perfecto, y Marcelo reconvertido en una suerte de heredero de Roberto Carlos. Si bien es cierto que esta sensación de seguridad se había visto empañada por algún despiste puntual como en San Siro, donde permitió que un equipo que está lejos del mejor nivel como el Milan le remontase un partido que tenía ganado y que el Madrid sólo pudo empatar porque se le apareció la Virgen en forma de Pedro León.

Llegaban los blancos al Camp Nou como naves rebeldes que se disponían a vencer al malvado Imperio, creyendo que el General Mourinho había encontrado un punto débil en la atroz y aparentemente perfecta maquinaria culé. La armada blanca estaba convencida de que la victoria era posible, aferrándose a la eliminación de los azulgranas el año pasado a manos del Inter de Mourinho. Pero pitó el árbitro, sacó el Madrid de centro, Valdés se hizo con un balón largo que colgó Xabi Alonso y el Madrid prácticamente sólo la volvió a ver para recogerla del fondo de la portería.

Los azulgrana saltaron al césped con ánimo de merendarse al Madrid desde el minuto uno, claramente espoleados por alguna declaración proveniente de Cocha Espina. Asfixiaron con su presión y marearon con el balón a un Real Madrid construido para vencer al Barça. La pelota se movía a una velocidad estratosférica por el césped húmedo del Camp Nou, desbordaba a Xabi Alonso y Khedira. Özil, la sensación madridista en este principio de campaña, desaparecía como ya hizo frente a España en la semifinal del Mundial y Cristiano Ronaldo no tardó en dar señales de esa desesperación que siempre acaba invadiéndole cada vez que se enfrenta a los culés.

Sólo un encontronazo del portugués con Guardiola, que sacó la cara que le llevó a ser el jugador más expulsado de la historia del Barça, devolvió algo de vida al equipo blanco. La tangana –en la que participaron reconocidos cascos azules como Valdés, Busquets, Sergio Ramos o Pepe, todos ellos diplomáticos del año- inyectó adrenalina al partido, terreno en que el Madrid sabe moverse mucho mejor. Se reclamó penalti después de que Cristiano fuera derribado en una salida de Valdés, que también tuvo que estirarse para despejar un peligroso rechazo de Abidal cuando intentaba evitar un remate de un Benzema absentista. Llegó el descanso y no hubo más noticias del Madrid.

Hasta el partido del Camp Nou se había vendido a Mourinho como la Piedra Filosofal anti-Barça, pero ayer se vio ampliamente superado por un Barça que planteó el partido exactamente igual que siempre. No sólo no se vio ni rastro del genio estratégico del portugués, sino que además cuando intentó cambiar la situación acabó por matar a su equipo. Preocupado por tapar las vías de agua, sustituyó a Özil y a Marcelo por Lass y Arbeloa, algo que acabó decapitando la salida de balón del Madrid. Tras el cambio los blancos fueron el equipo partido de antaño, como el de Pellegrini y el de Juande. El centro del campo fue una enorme pista de baile para el vals culé que empequeñeció al Madrid hasta convertirlo una cáscara vacía, sin el alma suficiente para presionar o luchar los balones divididos. El orgullo blanco salió por el peor sitio y ya en el tiempo de descuento, cuando Ramos atizó una feísima patada al tobillo de Messi antes de encararse con Puyol y Xavi.

El equipo destinado a acabar con el Imperio azulgrana salió derrotado, humillado y silenciado por el Barça. La fragilidad defensiva mostrada en algunos partidos y expuesta ante el Milan se demostró no tan puntual como parecía. Tumbada la muralla blanca, los puñales madridistas de los que hablaba Guardiola no pasaron de cuchillitos de plástico que apenas crearon ocasiones claras. Mourinho, siempre teatral en el área técnica, se atrincheró en el banquillo hasta tal punto que el público culé, normalmente soso, tuvo uno de sus golpes de genialidad cuando empezó a cantar “Mourinho sal del banquillo”.

Falta mucha Liga y el Barça aún tiene que pasar por el Bernabéu, pero vista la situación del campeonato parece que los enfrentamientos directos serán decisivos, y el Barça ha golpeado primero y con una violencia que nadie esperaba. Queda por ver cómo reaccionarán los blancos. En temporadas anteriores el Madrid no acusó la derrota y encadenó una serie de grandes resultados en Liga, pero en aquellos encuentros se esperaba una goleada culé que no llegó. Esta vez venían a poner la primera piedra para desbancar al Barça de su trono y fueron arrollados. La burbuja, cruelmente reventada.

Acerca de Javier Elío

Periodista. Guionista. Pitoniso fracasado. Farsante. Idiota
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