Juego de tronos: Fantasía no apta para hobbits

Cuando se piensa en el género de la fantasía épica suele venir a la cabeza un universo lleno de criaturas fantásticas, magia y unos personajes heroicos e idealizados que luchan contra un malvado señor oscuro que quiere dominar el mundo por el mero hecho de ser oscuro. Canción de hielo y fuego de G.R.R Martin, en la que se basa la nueva serie de la HBO Juego de Tronos, visita el género desde una visión muy distinta.

Para empezar en Poniente (continente en la que transcurre la mayor parte de la historia) no hay ni héroes ni señores oscuros, sólo hay un trono y una serie de bandos que lucharán por ganarlo o por retenerlo. Los personajes están lejos del maniqueísmo habitual: los más nobles tienen sus miserias –por ejemplo, Eddard Stark (Sean Bean) tiene un hijo bastardo y por alguna razón se niega a explicar quien es la madre- y los más crueles tienen un fondo que los hace muy humanos. En Poniente los personajes cagan, mean y se van de putas, así con estas mismas palabras. Ni siquiera el incesto es tabú.

El título de la serie -inspirada alegremente en la Guerra de las Rosas-, tomado del primer volumen de la saga, dice mucho del planteamiento de la serie. Como en una obra de Shakespeare, beber del vaso equivocado en la corte puede ser más peligroso que un combate a espada y para ganar una guerra puede ser más útil concertar el matrimonio adecuado que ganar una batalla. Todo esto hace que Juego de tronos quede más cerca de Los Tudor o se las luchas intestinas por el control de la familia de Los Soprano que de El señor de los anillos.

Como era de esperar, el episodio piloto es una muestra más de la diferencia que hay entre las series de la HBO y de las otras cadenas: como Deadwood o Carnivale esto no es televisión, es cine por fascículos. La dirección artística sólo puede ser calificada de arrolladora: cuidados decorados combinados con espectaculares parajes naturales y un vestuario detalladísimo. Como también es habitual en la HBO, los actores –casi todos británicos- están a un nivel altísimo. Sean Bean (El Señor de los anillos, GoldenEye) cae como un guante para ejercer de Eddard Stark, Mark Addy (Full Monty, Destino de caballero) está fantástico como el golfo y borracho rey Robert Baratheon y la combinación entre el material de las novelas y el actor Peter Dinkalge (Nip/Tuck, Vivir rodando) hacen de Tyrion Lannister un candidato a personaje mítico de la historia de la televisión.

El guión es sólido y complejo. El primer episodio sólo sirve como presentación de las principales tramas de la saga –las conspiraciones alrededor del trono, los intentos de la exiliada familia Targaryen por volver a Poniente y los sucesos del misterioso Muro de hielo- y apenas muestra la punta de la punta del iceberg, pero está claro que la serie va a seguir con una fidelidad obsesiva la trama de las novelas y va a intentar mantener todo lo que pueda de su brutal cantidad de personajes y subtramas. Esta complejidad, y sobre todo la consciencia de los autores de esta complejidad, lleva al que posiblemente sea el único defecto del capítulo: y es que en varias ocasiones se fuerzan un poco los diálogos para dejar claro quien es cada personaje y qué relación existe entre ellos. En todo caso, ante esta valoración hay que tener en cuenta que el que escribe todo esto ha leído los libros y es posible que de cara a los que no lo han hecho este sea un mal necesario.

La HBO ha vuelto a las andadas. Desde 2008 con el final de The Wire parecía haberse quedado algo estancada en lo que a series dramáticas se refiere. Grandes comedias como Curb your enthusiasm y extraordinarias miniseries como Generation Kill, pero True Blood quedaba muy lejos de lo que nos había ofrecido la cadena con, por ejemplo, A dos metros bajo tierra, dejando que Showtime (Dexter, Californication) y AMC (Mad Men, Breaking Bad) pudieran soñar con quitarle el puesto de tótem de la ficción televisiva. La reacción de la HBO llegó en septiembre con el estreno de Boardwalk Empire y con Juego de tronos parece dispuesta a volver a poner tierra de por medio. Bienvenidos a Poniente, donde Sam hubiera asesinado a Frodo para quedarse el anillo.

Acerca de Javier Elío

Periodista. Guionista. Pitoniso fracasado. Farsante. Idiota
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2 respuestas a Juego de tronos: Fantasía no apta para hobbits

  1. HBO hace muy buenas producciones, me ha encantado la primera temporada y el papel de Sean Bean es muy diferente al señor de los anillos. Espero que sigan con más temporadas.

  2. Pingback: Final de Juego de Tronos: un doble sabor agridulce para una serie que lo cambió todo

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