Una estrella en el pecho y amnesia en la cabeza

Hace sólo cuatro años, antes de la Eurocopa de Austria y Suiza, los españoles se dividían entre aquellos a los que se les hacía el culo gaseosa porque la selección lograra pasar de los malditos cuartos de final y aquellos que veían los partidos con palomitas para ver con qué nuevo azote se encontraba esta vez el combinado español. Conviene no olvidar que de esto hace sólo cuatro años. Hasta que Cesc metió el penalti que eliminó a Italia, España era un equipo perdedor. Sus imágenes más conocidas en grandes torneos eran Luis Enrique reclamando penalti con la nariz rota ante Sándor Puhl, Zubizarreta empujando un balón a su propia red ante Nigeria, el fallo de Cardeñosa, la cantada de Arconada, el penalti a las nubes de Raúl ante Francia… pocas de ellas de júbilo y alegria.

Y sin embargo, tras el partido ante Croacia, la edición digital de Marca lucía el titular “Sufrimos como nunca y ganamos como siempre”. España puede dar gracias a los dioses por tener en su plantilla jugadores no sólo futbolísticamente extraordinarios sino también personas con la cabeza sobre los hombros como Casillas, Iniesta, Xavi o Xabi Alonso, o el entorno patriotero de pandereta y fachicasposillo podría haber devorado una selección fabulosa. ¿Qué hubiera sido del equipo con este ambiente si en sus filas hubiera tendido ególatras como Balotelli, Eto’o o Cristiano Ronaldo?

España ganó la Eurocopa de 2008 de manera brillante, con una exhibiciones en las que se atropelló dos veces a Rusia, y actuaciones excepcionales ante Italia y Alemania pero con marcadores bastante más ajustadas. En la memoria, del Mundial queda el partidazo ante Alemania y el gol de Iniesta en la final, sin embargo parece que se ha olvidado que la selección de Del Bosque llegó a la semifinales a trancas y barrancas, jugándose el pase a octavos en el último partido y rozando el desastre ante Paraguay.

Y sin embargo en las horas previas al estreno de España en esta Eurocopa parecía que todo lo que no fuese descuartizar a Italia en el debut era un fracaso. Todo porque en el pecho de la camiseta española hay bordada una estrella, y olvidando que la azzurra hay ni más ni menos que cuatro. Pues resulta que se empató a uno y la nunguneada Italia dominó buena parte del encuentro.

Y como el fútbol es así de cachondo, 21 días después España vuelve a toparse con Italia en la final de Kiev. Como en el Mundial de Sudáfrica, la selección española ha llegado a la final sin excesiva lucidez, pero en este caso se suma a la ecuación el sesgado debate del falso nueve en el que se reduce el origen de los problemas de juego a la punta de ataque sin tener en cuenta que el doble pivote del centro del campo atasca alarmantemente la salida de balón. Además, se suma el preocupante estado físico de Xavi Hernández al que le está costando demasiado aparecer en los partidos de manera continuada. Italia ha llegado a la final de la manera que nos tiene acostumbrados. Llegó al torneo con un escándalo por amaño de partidos en su liga, en la fase de grupos bailó en el filo de la navaja tras empatar contra Croacia y luego ha crecido en las eliminatorias hasta llegar a eliminar sin paliativos a una Alemania a la que le empezaba a crecer un aura de imbatibles. Además, Prandelli le ha dado una nueva cara al equipo enviando al olvido el catenaccio y buscando el control del partido a partir de la posesión de balón.

España es un equipo que parece ir a menos, y sin embargo está a las puertas de lograr algo que nunca antes ha sido logrado (ganar Eurocopa, Mundial y Eurocopa de manera consecutiva). Italia ha ido a más, de ser un equipo con el que nadie contaba a mostrarse como un rival formidable. La Brunete mediática española tiene una vomitiva tendencia a sobreexagerar éxitos y derrotas basándose en elementos muy superficiales. Si gana España, no faltará quien diga que es la mejor selección de la historia como si el fútbol sólo existiese desde el gol de Torres en Viena. Si pierde, que la posesión de balón no vale para nada y que hay que chutar más, olvidando totalmente los formidables éxitos de este equipo y de esta forma de jugar en los últimos años. Posiblemente pedir memoria en el fútbol sea algo naif, pero si Casillas levanta la copa otra vez, será un gran momento para recordar, por ejemplo, la tanda de penaltis contra Bélgica en Mexico 86. Y si lo hace Buffon, el control de Iniesta ante Stekelemburg.

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Acerca de Javier Elío

Periodista. Guionista. Pitoniso fracasado. Farsante. Idiota
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