El Barça contra su historia

Viernes, 27 de abril de 2012 a las 13.30 horas. El momento más temido por el barcelonismo se venía cociendo desde principio de año, cuando por primera vez en tres años su entrenador –o más bien su líder- no ratificó su continuidad a finales de enero, como venía siendo habitual. Sandro Rosell anunciaba que Pep Guardiola no continuaría en el banquillo del Camp Nou.

Existen pocos clubs en el mundo con la capacidad de autodestrucción que el FC Barcelona. Su historia se puede escribir a partir de los cismas que han dividido a su afición, desde kubalistas y suaristas, a nuñistas y cruiffistas, a los más recientes laportistas y sandristas. A parte de la inaudita colección de títulos logrados, de el mágico juego desplegado sobre el césped, el gran mérito de Guardiola ha sido unir a toda la afición culé bajo la misma bandera. Por eso su marcha  podía significar la liberación de esas fuerzas antagónicas que cada cierto tiempo autoinmolan el club.

Sin embargo, y para sorpresa de todos la rueda de prensa del anuncio de la marcha del tótem fue un recital de política de comunicación. Tras dos años de calamidades en ese ámbito, una másterclass. La peor crisis que podía tener el club se convirtió en una oportunidad –en terminología simpsoniana, una crisistunidad-. El anuncio de que Tito Vilanova cogió a todos desprevenidos y tras el impacto inicial ya parecía la única elección lógica. Se había hablado de Bielsa, Löw, Blanc, Valverde o Villas Boas pero todos significaban poner al mando del equipo a elementos externos. Vilanova no sólo es la persona que más y mejor conoce la obra de Guardiola, que también es suya, sino que  prosigue la política del club de apostar por técnicos de la casa que tantos éxitos ha dado en los últimos años, no sólo con Guardiola, sino también en baloncesto con Xavi Pascual y en balonmano con ‘Pasqui’. Por supuesto esto no garantiza que Tito Vilanova vaya a tener éxito al frente del equipo, pero refleja una idea muy clara de club, maduro como nunca había demostrado en su ajetreada historia.

Además, para tranquilidad del soci, en la rueda de prensa emergió la figura de Zubizarreta, descubriendo que más allá Guardiola sigue habiendo vida inteligente en el club a pesar de los esfuerzos que ha invertido la junta directiva en demostrar lo contrario. También Sandro Rosell salió reforzado a pesar de tener la elocuencia de una langosta. Al apuntar a Vilanova como entrenador a instancias de la secretaría técnica barre de un plumazo las acusaciones del sector laportista de que sería un presidente intervencionista y que pretendía cambiar el modelo de club.

Con la marcha de Guardiola parece que se va un pilar insustituible para el Barcelona, y de hecho es así. Pero no hay que olvidar que a pesar de la autodestructiva historia del club no sería la primera vez que se marcha una pieza clave y el club ha seguido existiendo e incluso ganando. Se fue Suárez, se fue el Cruyff jugador, se fue Maradona, se fue Schuster, se fue el Cruyff entrenador, se fue Ronaldo, se fue Rivaldo y se fue Eto’o. Incluso hubo un momento en que parecía que todo se acabaría si Ronaldinho no firmaba aquel contrato hasta 2014, y en cambio el día que se marchó comenzó la época más gloriosa de los culés y al Gaucho –que hoy languidece en el Flamengo- todavía le quedarían dos años de contrato.

El Barça ha vivido la semana más dura que podía vivir tras acostumbrarse a ganar tanto en tan poco tiempo: una derrota en casa ante el eterno rival, quedar eliminado de la máxima competición y la marcha de tu entrenador-profeta. La emotiva reacción del público del Camp Nou al gol de Torres comenzando a cantar “ser del Barça es el millor que hi ha” fue el primer síntoma de cambio. La entereza con la que se ha encajado la marcha de Guardiola, el segundo. Ahora queda esperar a que la pelota empiece a rodar. La historia está plagada de grandes segundos entrenadores que no funcionaron como primeros, pero también de grandísimos técnicos que empezaron como escuderos. Y en el césped, Messi e Iniesta.

Publicado en Balompié, Deportes, FC Barcelona | Etiquetado , , , , , , , , | Deja un comentario

No son gigantes, son molinos

Una de las máximas de la filosofía de Homer Simpson reza: “si haces algo mal, échale la culpa a alguien que no hable tu idioma”. Esta frase es aplicada al fútbol sistemáticamente culpando de todos los males al árbitro, de quien todo el mundo se acuerda cuando te perjudica y nunca cuando te ayuda, y siempre para ocultar errores propios.

Tras años escuchando lloriqueos procedentes del Santiago Bernabéu, ayer Sandro Rosell se descolgó con unas declaraciones asegurando que este año los arbitrajes del Barça “no pintan bien”, en un fabuloso ejemplo de pasarse por el arco del triunfo la filosofía que durante las tres últimas temporadas ha llevado a los azulgrana a ganar prácticamente todo lo que jugaban. Es cierto que en las últimas jornadas los árbitros han perjudicado puntualmente al Barça con decisiones que pueden haber costado a los culés algún punto, como otras veces han beneficiado, sin embargo es un error mayúsculo decir que si hoy el Barça está a siete puntos del Real Madrid es por fallos ajenos. La distancia entre ambos conjuntos en la tabla se explica únicamente desde los errores azulgranas: partidos horripilantes en Getafe y Villarreal, con circulación pastosa y una defensa lamentable; en Anoeta y en Cornellà el equipo decidió echarse una siesta cuando el partido aún no había acabado. Si los de Guardiola no hubieran bajado el ritmo, ni la Real Sociedad ni el Espanyol hubieran empatado, con lo que –por ejemplo- el penalti de Raúl Rodríguez no hubiera influido. Si los culés hubieran jugado con la intensidad de otras veces, seguramente ni Villarreal ni Getafe hubieran aguantado con la portería a cero, por lo que el gol mal anulado a Messi en el Alfonso Pérez tampoco hubiera tenido mayor incidencia.

Las palabras del señor Sandro Rosell son indignas de un equipo ganador y no están a la altura de lo que el equipo ha logrado en las últimas temporadas. Una de las cosas más sorprendentes que había logrado era, precisamente, lograr que los lloros y las falsas conspiraciones se instalaran en el Real Madrid. En una demostración –una más- de una vomitiva política de comunicación abrió la puerta a que los fantasmas de la mediocridad y de la medianía se instalen de nuevo en el club culé. Al no saber reconocer los errores propios ni los aciertos y grandeza deportiva del rival. Al victimismo y la obcecación en el error que durante treinta años llevaron al Barça de fracaso en fracaso. Si los azulgrana quieren evitar entrar en una depresión como la que ha vivido el Real Madrid en los últimos año, detrás de imaginarias manos negras, debe exorcizar de inmediato las quejar arbitrales. El peor problema al que te puedes enfrentar es uno que no existe, porque no lo puedes arreglar. Así que el presidente debería callarse y preocuparse por lo que sabe –ahorrar dinero en tóner- y dejar que Guardiola y los suyos se preocupen de resolver la falta de tensión que afecta al equipo en momentos puntuales antes de que se vuelva crónica como sucedió con el conjunto que lideraba Frank Rijkaard.

Con todo, hay quien ha intentado poner al mismo nivel ciertas declaraciones culés con respecto a los árbitros en los últimos días con lo oído desde el Real Madrid en los últimos años y no tienen nada que ver. No es lo mismo decir que algunos árbitros son soberbios y que a la mínima que te diriges a ellos sacan tarjetas (verdad como un templo, aunque seguramente no fuese el mejor momento para decirlo), o que una jugada concreta fue penalti que decir que si no ganas una competición es por culpa del árbitro y mucho menos que decir que si tu rival gana es por una conspiración judeomasónica en el que Villar, Platini, la Unicef y las Estatuas de la Isla de Pascua están de acuerdo para ayudarle a triunfar. También convendría apuntar la diferencia de trato de ciertos periodistas, que se han dedicado a criminalizar sistemáticamente los errores arbitrales cuando son en una dirección y cuando son en otra prefieren hablar de fútbol.

Así, Rosell, Xavi, Valdés, Messi y alguno más deberían dejarse los lamentos estúpidos que sólo invitan a llorar mirándose al ombligo. Por suerte el barcelonismo aún está a tiempo de evitar la epidemia del victimismo. Volver a la senda del trabajo, del esfuerzo, de presionar hasta el último minuto y de mover el balón más rápido que nadie.  No atrincherarse en el eterno “son gigantes, Sancho”. Por que resulta que no, no son gigantes. Eran, son y serán molinos.

Publicado en Balompié, Deportes, FC Barcelona | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Érase una vez un equipo que emocionó

Cuando, el 27 de mayo de 2009, Carles Puyol levantaba la tercera Champions League de la historia del Barça era tentador pensar que uno ya lo había visto todo, que poco más podía hacer el grupo de Guardiola para volver a sorprendernos. Aquel equipo, erigido sobre las cenizas que dejó el colapso del gran Barça de Rijkaard y con muchas de sus piezas, había comenzado su andadura liguera con una derrota en el estadio del Numancia y un empate contra el Racing, lo que hizo que muchos dudaran que Guardiola llegase vivo a Navidad. Tras un golpe en la mesa al vencer en Gijón por 1-6, el punto de inflexión llegó tras endosarle otro set, 6-1, al Atlético de Madrid en el primer encuentro complicado de la temporada. A partir de ahí, todo es historia: Piqué fardando de camiseta tras marcar el sexto en el Bernabéu, el Iniestazo en Stamford Bridge, el gol de Touré Yaya en la final de la Copa del Rey, el salto prodigioso de Messi ante Ferdinand en Roma… para cualquier equipo, un triplete hubiera sido tocar techo, pero no para ellos. Se quitaron la espina de la Supercopa de Europa que marcó el final del Barça de Ronaldinho ganando al Shakhtar en Mónaco, vencieron la maldición del Mundialito de Clubs ganando el único título que faltaba en el Museo Josep Lluís Nuñez con una remontada agónica. Llegó Florentino, con él Cristiano Ronaldo y una nueva hornada galáctica que obligaron a los culés a logar 99 puntos para ganar la Liga. Llegó Mourinho, anunciada como la némesis que tenía la fórmula para acabar con el dominio azulgrana. Pero con él llegó el 5-0, el rally de clásicos de mayo, Messi regateando camisetas blancas en el Bernabéu y Abidal levantando la cuarta Champions en Wembley. Incluso en sus escasos fracasos el equipo tuvo derecho a salir con la cabeza alta. Cayeron ante el Sevilla en la Copa del Rey, tras obligar a Palop a dar un recital de paradas en un partido que bien podía haber acabado 4-0. Cayeron contra el Inter en una mala eliminatoria, pero obligando a los de Mourinho a defender su trinchera como pudieron hasta el minuto 95. Cayeron ante el Madrid en la final de la Copa del Rey, pero no sin antes sobreponerse a una excepcional primera parte blanca y firmar un segundo tiempo en el que sólo Casillas evitó que los de Guardiola se llevaran un título más.

Con todo, este año parecía algo diferente. El Barça, casi sin preparación, ganó la Supercopa a un Real Madrid más rodado, pero quedaba la sensación de que la fortuna se alió con los culés que bien pudieron salir goleados del Santiago Bernabéu. A pesar de un inicio con ciertas dudas, especialmente tras derrota ante el Levante y empate contra el Racing, el conjunto de Mourinho dio una sensación de solidez aparentemente inapelable, una formidable racha de dieciséis victorias consecutivas y una capacidad goleadora impresionante gracias a un gran estado de forma de Cristiano Ronaldo, Benzemá, Higuaín y Di María. Hasta Kaká parecía recuperado para la causa. En frente, el Barça había sembrado dudas por la mala dinámica del equipo fuera de casa, especialmente por la derrota en Getafe, las lesiones y el bajo estado de forma de Piqué, Puyol, Pedro o Villa. Todo al ritmo de las campanas: el segundo año de Mourinho siempre es el mejor, el portugués nunca ha dejado escapar una renta de seis puntos, y la eterna verdad de que aquél que ha ganado todo un día se cansa de ganar. Claro que siempre hay quien pone en duda las verdades por muy verdad que sean.

El escenario parecía dispuesto para el intercambio de poderes en el fútbol español –o mundial- tras el gol de Benzemá en el segundo 22 de partido. El Barça salía impreciso y nervioso, el Madrid, como un vendaval y nadie podía evitar acordarse de aquel siete de enero de 1995 en la que los blancos devolvieron el 5-0 que habían encajado sólo un año antes en el Camp Nou. Sin embargo el gol del francés tuvo un efecto que desafió a toda lógica: los culés a penas lo notaron y dos minutos después estaban tocando en el área con Valdés como si jamás hubieran cometido el error garrafal que les había puesto por detrás en el marcador. El Madrid, sin embargo, pareció sorprendido de la velocidad con la que habían sacado rédito de su propia voracidad y dio la sensación de que les asaltaba la duda entre seguir con el plan y morder a los culés en todo el campo o esperar atrás y lanzar los mortales contraataques que tanto les gustan. Guardiola movió ficha y al cuarto de hora plantó una línea de tres, cruzando la línea que separa la valentía de ser un suicida. Aunque la jugada salió bien en parte gracias a la ansiedad que invade a Cristiano Ronaldo cada vez que juega un gran partido, era mucho más probable que ese movimiento allanara el camino de los merengues hacia su ansiada vendetta. Indecisos, los de Mourinho bajaron la intensidad de su presión, pero sin llegar a replegarse, permitiendo que los azulgranas se sintieran un poco más cómodos en el campo, y cuando permites eso estás al borde del abismo. El gol de Alexis cortocircuitó al Real Madrid que ya no sabía que tenía que hacer para poder con los azulgrana. El balón rebotado en Marcelo que entró llorando en la meta blanca los hundió y el cabezazo de Cesc Fàbregas fue el golpe de gracia. Los merengues siguieron buscando la portería de Valdés, dignidad obliga, pero su confianza se había quedado entre las redes de la portería defendida por Casillas.Sólo el escudo de su camiseta daba indicios de una posible remontada. Pero no contra este Barça.

Generalmente se destaca al Barça de Guardiola por su virtuosismo, por su capacidad para mover el balón de un lado a otro sin que su rival lo vea. Virtuosismo representado por jugadores deliciosos como Iniesta que han hecho todo lo que puede hacer un jugador para ser considerado de los más grandes –incluido marcar el gol que dio a su país su único Mundial-, pero con humildad para reconocer el liderazgo de un fenómeno casi extraterrestre como Leo Messi que siempre aparece cuando se le necesita. Sin embargo esa no es la característica que ha llevado a los de Guardiola a ganar todos los títulos que han ganado. Sus logros vienen por que a su excepcional calidad técnica, tanto individual como colectiva, y a su riqueza táctica se suma una capacidad de sacrificio pocas veces vista en cracks de este nivel, un equipo en el que un tipo con dos balones de oro en su casa es capaz de regalar a sus compañeros un sprint de 30 metros para defender una incursión rival en el lateral izquierdo. Un equipo con una mentalidad tan fuerte que es capaz de seguir luchando hasta marcar en el minuto 93 en Stamford Bridge a pesar de ir perdiendo y estar con un hombre menos. Capaz de ir al estadio del máximo rival una semana después de perder una final de Copa contra ellos y prácticamente dejar sentenciada una semifinal de Champions en la ida. Un equipo capaz de enfrentarse al Manchester United con medio sistema defensivo de circunstancias y dos piezas vitales tocadas y prácticamente ni notarlo. En definitiva, un equipo que en su peor momento es capaz de ir a casa de su rival en su mejor momento y ganar el partido cuando todo se le giraba en contra.

Podría existir la tentación de pensar que ya se ha visto todo lo que puede hacer el Barça de Guardiola, pero teniendo en cuenta lo que ha pasado desde que el de Sampedor está en el banquillo del Camp Nou parece que lo mejor es sentarse y disfrutar. Sobre todo, disfrutar.

Publicado en Balompié, Deportes, FC Barcelona, Real Madrid | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

Naufragando entre tiburones

Un único debate en toda la campaña parecía que sabría a poco, pero al final ha resultado ser incluso demasiado. Un candidato, sabiéndose ya ganador, no quería debatir. Pocos votos podía ganar haciendo propuestas y se arriesgaba a perder muchos si hablaba demasiado. Una postura totalmente lógica desde un punto de vista estratégico aunque pobre desde un punto de vista democrático. El otro candidato poco podía hablar de asuntos económicos sin que la mochila de la desastrosa gestión de la crisis le llevase al fondo del pozo ni podía sacar pecho por el aparente final de ETA sin arriesgarse a que pareciera que quería sacar rédito de un tema tan sensible, por lo que se dedicó a destacar lo desenfocado del programa del rival. El resultado es que ahora sabemos que el Gobierno socialista lo ha hecho muy mal, que el PP no especifica nada en su programa, pero propuestas pocas, muy pocas.

La realidad se sabía desde hace tiempo y es que en estas elecciones no hay batalla por el Gobierno, lo único que sorprende un poco es que ni siquiera se esfuercen en disimularlo. El PSOE ha sido pasto de una crisis que ha devorado a todo lo que ha pillado al frente de un país, no sólo a Papandreu, Zapatero y Berlusconi, sino que Sarkozy, Merkel o el propio Obama -antaño símbolo de la regeneración de occidente- tendrán que sudar la reelección. La campaña está siendo un pasillo triunfal para Rajoy, y Rubalcaba ha optado por no jugar esa liga y luchar por su propia supervivencia al frente del partido pensando en el 2014.

Esta crisis económica ha arrasado gobiernos, pero también a aquellos que los han sustituido. Rubalcaba nada entre tiburones, Almunia puede dar fe de ello. ¿O acaso nadie cree que la afligida Carme Chacón que anunció que no se presentaba a las primarias está esperando el desastre electoral para lanzarse como un buitre sobre el cadáver del candidato? Y Rubalcaba va con el pie cambiado.

Las elecciones están perdidas por el PSOE, y ese conocimiento lleva a Rubalcaba a enfocarlo todo de manera negativa, aunque se esfuerce por ocultarlo, con declaraciones tan sorprendentes como cuando afirmó que es más fácil que el Real Madrid gane al Barcelona que que él remonte a Rajoy. ¿Puede alguien que dice algo así y que se dirige a su rival como si ya hubiera ganado aspirar a tener un buen resultado? Dudoso, padre. Sinuoso y hábil como pocos a la hora de actuar lejos de los focos, Rubalcaba no es un líder. Su excepcional dominio del sarcasmo puede desarmar y es capaz de infundir terror en sus rivales en el hemiciclo, pero difícilmente movilizará a grandes masas para que le sigan. No transmite ilusión, ni transmite ideas.

Imposible desmarcarse del hundimiento de un gobierno del que él había sido una pieza clave, sus posibilidades de salvar los muebles pasaban por tumbar a Rajoy en el debate. Haciendo uso de la metáfora pugilística tan gastada estos días pero perfecta para la ocasión, Rubalcaba necesitaba ganar por KO en el primer asalto. Como si fuera Rocky Balboa frente a Apollo Creed, todo lo que fuera perder por puntos era una victoria para Rajoy. En un decorado que parecía hecho con descartes del Un, Dos, Tres de los ochenta, el socialista lo tenía todo a su favor: su rapidez mental y su sarcasmo eran armas perfectas para un debate frente a un rival que no se mueve con comodidad en estos terrenos y que, además, iba a intentar proponer lo menos posible. Y en vez de ser positivo, de lanzar una tormenta de propuestas, aunque sólo fuera por aparentar y para apabullar a Rajoy, se dedicó a incidir únicamente en que el PP no especificaba qué quería hacer, sólo resaltaba la –presunta- agenda oculta de su rival, recurriendo a la infame táctica de infundir miedo al electorado. El resultado es que a Rajoy le bastó con escurrirse de temas farragosos –cosa que se le da estupendamente- y esconderse en los papeles para salir vivo del debate, y eso mató a Rubalcaba.

Ahora sólo queda esperar a que pasen lentamente los días, seguramente sin mayores novedades, para que la noche del 20 de noviembre veamos el tamaño de la herida de Rubalcaba. Y cuando huelan la sangre, los tiburones atacarán.

Y rezar para que sea verdad que Rajoy realmente tenga la solución para esté caos. Rezar y rezar mucho.

Publicado en Acojonemos al pesonal que funciona, Gobierno marca ACME, Oposición marca ACME, Política | Etiquetado , , , , , , , , | 1 Comentario

Melancolía: Todo calmado en el fin del mundo

Defensores o detractores de Lars von Trier, nadie puede negar la capacidad del danés para hacer lo que le da la gana, cuando le da la gana y como le da la gana. No queda mucho que decir de un tipo que desarrolla un manifiesto cinematográfico para, a continuación, hacer sistemáticamente lo contrario a lo que defendía con su “voto de castidad”. Instalado en el trono de ‘enfant terrible’ del cine europeo a fuerza de talento puro, de pasarse de frenada, mostrando en primer plano una ablación de clítoris en Anticristo, y de ganas de llamar la atención como cuando aseguró que Hitler le caía simpático. Vistos los antecedentes, es complicado saber como encarar sus películas, si con escepticismo o con entusiasmo. Tras ver Melancolía la duda permanece.

La película se explica a partir de cómo surgió la idea: cuando un psicólogo le explicó a von Trier que las personas con depresión son las que se comportan con más calma en situaciones extremas porque siempre temen lo peor. A partir de aquí, el danés construye la narración en dos partes representadas por dos hermanas: Justine (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg), aunque lo cierto es que la cinta gira siempre en torno al personaje de Dunst. En la primera parte asistimos a la celebración de la boda de Justine. Lo que empieza siendo una noche feliz acaba desenmascarando las disfuncionalidades de la familia, y la novia acaba tomando una actitud caótica y autodestructiva incomprensible para el espectador. La segunda parte arranca un tiempo después, cuando una extremadamente deprimida Justine se instala a vivir con su hermana y el marido de esta (Kiefer Sutherland) unos días antes de que un planeta llamado Melancolía pase tan cerca de la Tierra que parece que puede desencadenar el fin de los días. A partir de aquí la película se centra en como cada personaje afronta la posibilidad o la certeza de la muerte, desde quien entierra el miedo en una falsa seguridad a quien se desespera. Y sólo la deprimidísima Justine actúa con aplomo.

Lars von Trier -cuyo ego le lleva a poner su nombre encima del título, con el mismo tamaño de letra a pesar de que según su propio manifiesto el director no debía salir en los títulos de crédito- se gusta y dirige sus películas con una cierta actitud de “mira qué bueno que soy” y eso lleva a sus películas a dar bandazos entre la maestría y la mamarrachada: con unas imágenes de belleza difícilmente superable se combinan con algunos momentos no tan brillantes que no aportan demasiado al metraje. Eso sí, esta vez no cae en los excesos de Anticristo, y la película lo agradece. Por otro lado hay que destacar el papel tanto de Kirsten Dunst (cuyo rol fue rechazado por Pénelope Cruz para hacer la cuarta parte de Piratas del Caribe, a quien el director agradece con posible ironía en los créditos) como de Charlotte Gainsbourg: sus extraordinarias interpretaciones son el pilar que sujeta la credibilidad del film. Sin ellas todo temblaría.

Se encienden las luces en la sala y surge la pregunta: ¿Qué me has colado esta vez, Lars? Al final, Melancolía es poco más que la frase del psicólogo explicada con una sucesión de imágenes preciosistas: en situaciones extremas los que se comportan con más aplomo son los deprimidos, porque ellos esperan lo peor. Una estampa de la depresión. Y ya está.

PD: Nunca me cansaré de ver este retrato.

Publicado en Cine, Críticas | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Homeland: Con Bauer en la memoria

El final de 24 dejó un hueco difícil de llenar en la parrilla televisiva norteamericana. Durante ocho años las peripecias de Jack Bauer y los agentes de la Unidad Anti-Terrorista mantuvieron una media de diez millones de espectadores, granándose una interesante y fiel base de fans –y las críticas de quien acusaban a la serie de perpetuar la psicosis post-11S así como justificar la tortura-. Era de esperar que no tardaran en aparecer series que buscaran enganchar a los seguidores huérfanos de Bauer. La primera fue The Event, que metió en el mismo saco elementos visuales y formales de 24 y sus conspiraciones gubernamentales con elementos de ciencia ficción de Perdidos en un absurdo intento de rizar el rizo para ser fulminada al terminar la primera temporada. Salvando las distancias, también se podían reconocer rasgos ‘venticuatrescos’ en la fabulosa Rubicon donde Will Travels, un analista de inteligencia que trabajaba para un think tank, trataba de resolver el asesinato de un amigo mientras trataba de evitar un atentado terrorista. Una pena que la prometedora serie pagara su ritmo pausado y las torpezas económicas de la AMC y no tuviera continuidad. Ahora llega a la cadena Showtime (que ya ofrece series extraordinarias como Dexter o Californication) Homeland, creada por Howard Gordon y Alex Gansa, ni más ni menos que dos guionistas de la mismísima 24.

Basada en la serie israelí Prisoners of War, está protagonizada por Carrie Anderson, una agente de la CIA un tanto rebelde –y que consume antipsicóticos a espaldas de la agencia-condenada a sentarse tras un escritorio después de protagonizar un incidente en una cárcel iraquí que a punto estuvo de causar un pitote internacional. Cuando el Sargento Nicholas Brody es rescatado en Iraq tras ocho años en manos del enemigo, Carrie cree que el soldado ha cambiado de bando y que vuelve a EEUU con la única intención de preparar un gran atentado. Por desgracia es la única en la agencia que lo cree, por lo que recurre a métodos poco ortodoxos para investigar a Brody. Toda una Lady Bauer.

Con todos estos elementos, los creadores han sido lo suficientemente hábiles para no caer en la trampa de clonar 24 cambiando a Jack por una mujer. Por lo que deja ver el piloto, Homeland tendrá mucha menos acción y un aire más realista, cercano al visto en Rubicon pero con bastante más ritmo. Además hay que destacar un muy buen reparto con Claire Danes (Stardust, Romeo+Juliet) como la díscola agente Anderson, Damian Lewis, conocido por ser el Mayor Winters en la excepcionalmente excepcional Hermanos de sangre, como antagonista y Mandy Patinkin –el mítico Iñigo Montoya de La princesa prometida– como jefe y mentor de la protagonista.

El arranque de la serie es tremendamente prometedor. La trama da una sensación de gran solidez, los personajes están muy bien trabajados y son interpretados por actores más que solventes. Todo en una cadena como Showtime, que ha sabido aguantar el ritmo de la HBO –tótem de la ficción televisiva sin ningún género de dudas- sin cometer los errores de la AMC. Homeland es una gran noticia para quienes echaban de menos a Jack Bauer, pero también es una serie con personalidad propia y lo suficientemente alejada del referente para poder crecer en su propia dirección sin caer en la trampa de ser una simple imitación. Por fin una digna sucesora de 24, y no sería de extrañar que se convirtiera algo más que una simple heredera. El potencial existe.

Publicado en Series de televisión, Televisión | Etiquetado , , , | Deja un comentario

American Horror Story: El terror desbocado es cosa de locos

La nueva serie de Ryan Murphy, creador de Nip/Tuck y Glee, es uno de los estrenos que más expectativas había creado, gracias en gran parte a unas promos crípticas, que mostraban poco o nada de lo que podía ofrecer el producto final pero que resultaban visualmente arrolladoras. En realidad la trama de la serie es bastante tópica: una familia se muda a una casa con un largo historial de muertes violentas y sucesos extraños. Evidentemente la estancia en su nuevo hogar no será tan bonito como tenían calculado. A las extrañas presencias de la casa y vecinos siniestros se suma la negativa y desequilibrada carga psicológica de los personajes: Un matrimonio en crisis tras un aborto de ella y una infidelidad de él, con una hija adolescente, rebelde y con ciertas tendencias suicidas a la que le hacen bulling en su nuevo colegio. Un caldo de cultivo que recuerda, salvando las distancias, a El resplandor del gran Stanley Kubrick, incluidos los fantasmas de dos gemelos que danzan por la casa.

Como ya se intuía en las promos de la serie, ésta entra por los ojos. Ryan Murphy tira de ángulos de cámara antinaturales y un montaje huracanado en el que pocos planos duran más de cinco segundos, realizando incluso saltos sobre el mismo plano, para crear una sensación de incomodidad en el espectador por momentos angustiosa. Visiones de seres extraños que apenas duran un segundo, flashes de personajes que no deberían estar ahí, elementos sexuales como un traje de látex, y la típica música estridente son otras vías a las que recurre la serie para crear la atmósfera bizarra. Ninguna de estas técnicas es realmente novedosa y en el fondo son bastante efectistas, pero también realmente efectivas.

El episodio piloto sirve para poco más que presentar las tramas y personajes principales –con un destacable nivel de los actores principales y secundarios, especialmente destacable la presencia de Frances Conroy (A dos metros bajo tierra) y su perturbador personaje-, pero si engancha al espectador es sobre todo por el ya mencionado efectista despliegue visual. Queda por ver cómo se desarrollará la, por ahora, tópica trama, si ganará chicha o se quedará como excusa para seguir con los fuegos artificiales. Pero los fuegos artificiales son eso, artificiales, y pueden aguantar uno o dos capítulos, pero no doce. Habrá que seguir como madura la serie para ver si explota en todo su potencial o por lo contrario se queda como un producto bonito pero vacío. El piloto se queda en la encrucijada.

Publicado en Series de televisión | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Terra Nova: Síndrome Perdidos

Con el final de 24 y varios estandartes de su programación como House o Los Simpsons en una alarmante decadencia tanto de calidad como en audiencia, la Fox necesitaba urgentemente un golpe de efecto que reflotase los números de la cadena. No anduvo con rodeos, de entre todas las puertas a las que pudo llamar, lo hizo ni más ni menos que a la del Rey Midas, el mismísimo Steven Spielberg. Y ahora el hombre que convierte en taquillazo todo lo que toca puede convertirse en la próxima víctima del ‘síndrome Perdidos’. Una más.

Y es que desde que hace dos años acabaran las aventuras y desventuras del grupo de supervivientes en aquel peculiar picnic náufrago, varias series han tratado de reproducir los esquemas que transformaron Perdidos en un fenómeno de masas y todas han muerto engullidas por la alargada sombra de la serie de J.J Abrams. Primero fue Flash Forward de la ABC, con una prometedora premisa pero un desarrollo flojísimo hasta ser cancelada al final de su primera temporada. The Event, de la NBC, sufrió el mismo destino. Y… ¿Terra Nova?

Desde el trono de productor ejecutivo, que ya ocupó en la más que correcta Falling Skies,  Spielberg presenta un mundo apocalíptico, devastado por el mal comportamiento de la raza humana y esa mascota malvada que es el cambio climático. En este mundo bladerranesco nos encontramos a la familia Shannon: él, un policía condenado por tener un tercer hijo sin autorización; ella, una reputada médica; el hijo mayor, rebelde pero de buen corazón; hija mediana, empollona y enamoradiza; hija pequeña, sin mayores atributos pero así como adorable. Lo que viene siendo la familia media americana, vamos. Y como el mundo está muy mal, los científicos deciden que la mejor manera de que la raza humana sobreviva es mandar a unos cuantos peregrinos 85 millones de años atrás hasta pleno jurásico. Y allá que va nuestra familia media americana.

Lo primero que sorprende de Terra Nova es su pobre acabado técnico. Las panorámicas del futuro huelen a videojuego de hace diez años y muchos planos parecen cromas de tele local, casi versiones paródicas de los escenarios de Avatar. Y los dinosaurios… ¡hay los dinosaurios! Los tiranosauros de Parque Jurásico dejan en pañales a los carnotaurus de Terra Nova… y Parque Jurásico tiene ya 20 añitos…

Por lo demás, la serie es una batidora de lo ya visto en Perdidos, una comunidad pequeña sobreviviendo en una selva llena de peligros, un grupo rival con misteriosas intenciones –en vez de ‘los otros’ en esta ocasión tenemos a ‘the sixers– unas misteriosas inscripciones en la roca y apuntes de paradojas temporales que están por venir. Lo malo no es que todo esto sean fuegos artificiales que ya hemos visto, más y más grandes, sino que además son un edificio sin fundamentos: los personajes son sosos, sin chispa ni carisma y al guión se le ven las costuras por todos lados, previsible y burdo. Incluso, la primera parte del piloto es tan inverosímil que los guionistas se tienen que justificar con un chiste de uno de los protagonistas (“tan fácil como que papá se escape de una prisión de alta seguridad y luego se infiltre en el edificio más vigilado del país”). Pasadas las presentaciones del piloto, que a veces puede encorsetar el desarrollo de la historia, el segundo episodio –un homenaje a Los pájaros de Hitchcock- gana en agilidad pero sigue sin tener la más mínima personalidad.

Lo peor de la serie es que uno acaba imaginándose la siguiente escena: un ejecutivo de Fox, en una reunión con guionistas, gritando repetidamente “¡Quiero un Perdidos!” y un guionista, cansado de oírlo y de que rechacen su proyecto chachi-piruli, soltándole el guión de Terra Nova mientras piensa “pues toma Perdidos. Lo escribí ayer después de cenar. Y le metí dinosaurios”. Y el ejecutivo encantado. Hasta que vea la audiencia.

Publicado en Series de televisión, Televisión | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Cowboys & Aliens: Vaqueros, marcianos y viceversa

Si el anuncio de una película titulada Cowboys & Aliens sonó a muchos a chiste es porque la surrealista idea ya le sirvió durante los ochenta a Gary Larson para su viñeta “La a menudo idealizada imagen de los cowboys y los aliens” de su serie The Far Side. Años después, en 2006, Scott Mitchell Rosenberg se tomó el chiste en serio y escribió, junto a Fred Van Lente y Andrew Foley, una novela gráfica en la que mezclaba dos géneros tan aparentemente incompatibles como el western y la ciencia ficción y que ahora da el salto a la gran pantalla. No es la primera vez que alguien mezcla a los cowboys con elementos típicos de otras lindes. En 1999, Barry Sonnenfeld ya mezclo en Wild Wild West la imaginería del salvaje oeste con una trama de superespías y supervillanos al estilo James Bond en medio de una estética streampunk, y Stephen King cruzó los pistoleros con la fantasía épica en su saga La torre oscura, cuya adaptación cinematográfica se ha visto frustrada recientemente. Pero aún así sigue llamando la atención un pastiche tan bizarro y descarado hasta en el título, y más todavía si vemos que una producción que encajaría a la perfección en la serie B cuenta en sus créditos con nombres de tanto peso en Hollywood como el Jon Favreau (Ironman), Ron Howard (Una mente maravillosa), Damon Linderof (uno de los productores de Perdidos y mano derecha de J.J. Abrams) o el mismísimo Steven Spielberg, a parte de actores como Daniel Craig o un crepuscular pero siempre eficiente Harrison Ford.

La película ofrece exactamente lo que el título promete: cowboys haciendo cosas de cowboys -criar ganado, buscar oro y pelearse en el saloon- y aliens haciendo cosas de aliens -lo que viene siendo invadir la tierra y abducir cowboys-. Después de que los invasores ataquen un deprimido pueblo minero secuestrando a varios de sus habitantes se organiza una partida de rescate liderada por Harrison Ford, Daniel Craig y Olivia Wilde (conocida por ser Trece en House). A partir de aquí se suceden reciclajes de tópicos del western -el clinteswoodiano llanero solitario sin pasado es aquí un abducido amnésico- y guiños a clásicos de la ciencia ficción -el barco varado en medio del desierto como en Encuentros en la tercera fase– y el espectador no debería pedir a la película más de lo que la película le pide a él. Jon Favreau dirige, como es habitual en él, con la eficiencia como único estilo y deja que el peso de la película recaiga sobre los actores. Al trío protagonista le acompañan algunos secundarios brillantes como Paul Dano (Pequeña Miss Sunshine, Pozos de ambición), Sam Rockwell (Moon, Asfixia) o Keith Carradine (Deadwood, Dexter), que dan a la cinta la fuerza de la que carece su premisa.

Cowboys & Aliens queda como un homenaje de Hollywood a la serie B que tanto le ha dado. Lejos de la calidad de algunos pastiches brillantes como Kill Bill, será recordada como uno de esos momentos en el que a alguien se le ocurrió una mezcla surrealista como Drácula Negro (1972) o Zombis Nazis (2009) y tuvo las narices para realizar el delirio. Y encima le salió entretenida.

Publicado en Cine, Críticas | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

En fútbol no hay hijos pródigos

En las últimas horas, últimas horas que se han prolongado tres años, se ha vendido el retorno de Cesc Fàbregas al Barça como el retorno de un hijo pródigo y a Wenger como un malvado señor oscuro con la malvadísima intención de encerrar al jugador en la torre más alta del Emirates para evitar que el jugador pudiera cumplir su sueño de triunfar en el Camp Nou.

Nadie puede negar que Cesc es un refuerzo extraordinario para el conjunto de Pep Guardiola. Dejando de lado las dudas que pueda generar las lesiones que le han asolado en las dos últimas temporadas, algo que puede ser circunstancial o no, el de Arenys es un centrocampista extraordinario que conoce perfectamente el Barça, su fútbol, su entorno y su vestuario. Aunque es un jugador distinto a Xavi, es posiblemente la apuesta más segura para sustituir al de Tarrasa cuando deje el fútbol. Más allá de que su fichaje no era una necesidad primordial (como puede ser un defensa rápido para corregir la posición cuando el rival gana la espalda de la defensa adelantada, el Barça sólo tiene a Puyol con este perfil y se ve obligado a recolocar a Abidal o Mascherano cuando el capitán no está), Cesc da profundidad a una plantilla algo corta y, junto a Thiago, multiplica las posibilidades tácticas. Aunque es difícil que Guardiola alinee a Xavi, Iniesta y Cesc juntos, en un 4-3-3 o que pase a jugar con tres defensas con un 3-4-3, su fichaje garantiza que en caso de incidencia siempre habrá un recambio de calidad para el centro del campo. Es un jugador de una calidad extraordinaria que vuelve a Barcelona muchísimo más completo de lo que se fue. Con sólo 24 años ha sido capitán de un equipo histórico como el Arsenal y está fogueado en una liga de gran exigencia como la Premier y en Champions, donde en 2006 fue titular en la final de París frente al Barça precisamente, por lo que los 40 millones que se pueden llegar a pagar por él si se cumplen los variables no parece una cifra excesiva.

Sin embargo, la narrativa que describe su fichaje como el retorno de un hijo pródigo resulta algo falaz. No hay por qué dudar del barcelonismo de Cesc Fàbregas, posiblemente cualquier persona hubiera hecho lo mismo que él en sus circunstancias, sin embargo no hay que olvidar que si el fichaje ha sido tan complicado ha sido en gran parte por sus acciones. En verano de 2009 el Barça ya se puso en contacto con él para comunicarle su interés, pero ante la negativa de los culés de acercarse a los 50 millones que demandaban los gunners el de Arenys optó por prolongar su contrato dos años más hasta 2014, lo que subía su cotización y ha dado fuerza a Wenger para retener a su estrella durante el pasado verano y buena parte de este. El técnico francés ha hecho lo que tenía que hacer, por lo que le pagan: defender los intereses del Arsenal. Obviamente, ningún equipo regala a sus jugadores estrella (a menos que seas el Barça, que en su historial tiene las ridículas salidas de Eto’o o Rivaldo) y menos después de siete años sin ganar ningún título y con duras críticas sobre el trabajo de Wenger en las últimas fechas. Se ha demonizado al francés por fichar a Cesc del Barça cuando era un juvenil, pero conviene recordar que esta es una práctica habitual, en mayor o menor medida, en todos los equipos grandes, azulgranas inclusive. El centrocampista se marchó del Barça por voluntad propia, y seguramente tomó la decisión correcta, ante la promesa de más oportunidades en un equipo de primer nivel (ha jugado 292 con el Arsenal, 59 de Champions, una cantidad de partidos impensable a estas alturas si se hubiera quedado en el Barça) y, también, más dinero. El padre de Cesc alegó un cambio de residencia a Londres para que su hijo pudiera salir del club sin tener que pagar ninguna compensación al club culé, algo que fue sólo una argucia ya que el chaval acabó viviendo con una familia inglesa junto a su compañero Phillippe Senderos. En los últimos días se venía diciendo que el jugador estaba sufriendo mucho por las complicaciones que surgían en su regreso a casa, sin recordar que tales dificultades eran en gran parte por sus acciones y que el malvado Wenger sólo hacía su trabajo.

Queda por ver como afecta todo esto a su recibimiento en la afición culé, siempre tan especial. Su marcha no sentó bien y su retorno ha sido largo, tedioso y caro (al contrario que otro jugador que se marchó, Piqué, que volvió por la módica cifra de 5 millones), y Cesc ya fue pitado el pasado marzo cuando visitó el Camp Nou para disputar los octavos de final de la Champions League. Todo esto lo único que hace es meter presión a un jugador, que por otro lado ha demostrado soportarla bien, que llega al Barça para ser el timonel de la próxima década. El tiempo ha demostrado que Cesc seguramente hizo lo correcto marchándose a Londres, donde ha crecido sin la sombra de centrocampistas de la talla de Xavi, Deco o Iniesta. Su fichaje es una gran noticia para el Barça, pero basta con un poco de memoria para pinchar la mística creada alrededor de su regreso.

Rectificación: En su presentación como jugador azulgrana Cesc Fàbregas ha desmentido haber renovado con el Arsenal en 2009 como he dicho en esta entrada.  Un error extendido ya que se había publicado en varios medios en las últimas fechas, tanto aquí como Inglaterra. Incluso un periodista de la BBC ha formulado su pregunta asumiendo que renovó en 2009 (“You signed for a five year contract and left after only two…”), al cual Cesc no ha corregido como sí a Joan Poquí de Mundo Deportivo. En todo caso no he encontrado ninguna referencia a tal renovación en las hemerotecas por lo que debo rectificar y disculparme. En todo caso, la idea de fondo no cambia demasiado ya que en 2006 firmó un contrato extraordinariamente largo hasta 2014. Un error ya que le ponía muy difícil poder salir del Arsenal si quería hacerlo en un momento dado, aunque evidentemente no es lo mismo que renovar cuando el club de tus amores se ha interesado por ti.

Publicado en Balompié, Deportes, FC Barcelona | Etiquetado , , | Deja un comentario