El divo triste se une al buitre hambriento

Cristiano Ronaldo está triste. No hay que ser demagogo ni populista, el luso tiene tanto derecho a estar triste como cualquiera. Quizá menos razones, sí. El dinero no da la felicidad, pero ayuda mucho más de lo que el refranero quiere admitir, y tener una novia guapa puede dar tantos dolores de cabeza como orgasmos. Sin embargo la tristeza de Cristiano tiene algo de postín. Todo el mundo ha pasado por momentos difíciles, pero pocas veces eso evita que se puedan disfrutar pequeños buenos momentos, como marcar un gol, y más en un futbolista que vive por y para el gol. Anunciar luego ante la prensa tu tristeza a la vez que te niegas a explicar el motivo tiene mucho de centrodelmundismo. Abres la veda de la especulación, una bestia que no necesita mucho para alimentarse hasta el empacho, luego declaras el silencio estampa y dejas que el universo te imagine en bata, sin ser capaz de levantarte de la cama y bebiendo Cola Cao en una taza de Los Soprano.

Sea cual sea el motivo de la tristeza de Cristiano Ronaldo, sus declaraciones denotan una espléndida falta de conexiones neuronales por su parte. Dinamitar la paz social del club que te paga una barbaridad por un berrinche es una irresponsabilidad si no era su intención y una escandalosa falta de lealtad si pretendía montar el pollo cósmico que ha organizado, incluso siendo verdad que se han puesto cosas en su boca que él no dijo. A estas alturas, tras vivir seis años en Inglaterra y tres en España, ya debería saber que hay un sector buitre de la prensa que necesita muy poco para exagerar, deformar o inventar con tal de poder poner el titular más grande posible. Él se “limitó” a decir que estaba triste por un motivo profesional y que el club sabía cual era. Cuando se juntan el hambre y las ganas de comer, Eso se transforma por arte de magia en un “Cristiano está enfadado por el club” y al rato empezaron a trascender reuniones secretas, amistades quebrantadas por una nimiedad y compañeros que “intoxican” la cabeza del crack. Historias que no serían demasiado verosímiles si no fuera por que su protagonista supura ego a chorros por todos los orificios corporales.

Sean ciertas o no todas las especulaciones (¡Qué casualidad que todos los periodistas que sabían estas cosas no dijeran nada antes de las declaraciones!) que se han hecho tras los lloros de Cristiano, tiene que aprender que calladito está más guapo y a domar su infinito afán de protagonismo porque, aunque le cueste creerlo, él no es el centro del multiverso, y es probable que entonces sea incluso mejor futbolista. Si la realmente razón es el dinero, exigir cobrar más de diez millones de euros en el momento más crítico de la economía europea desde la Segunda Guerra Mundial evidencia una grave perdida de contacto con la realidad y eso ya tiene muy difícil solución. Eso sí, saldrá en todas las portadas de los periódicos, que venderán como churros.

Publicado en Deportes, Real Madrid | Etiquetado , , | Deja un comentario

Los Mercenarios 2: El museo donde las cosas explotan

El reparto de la película lo dice todo: Sylvestre Stallone, Arnold Schwarzenegger, Jean-Claude Van Damme, Chuck Norris, Bruce Willis, Dolph Lundgren… nadie en la historia del cine ha matado a más gente, nadie ha hecho volar más cosas, nadie ha dejado más casquillos de bala a su paso, una senda de destrucción. Ellos han sido los más grandes héroes de acción… ¡qué coño! ¡ellos son La Acción!

A pesar del éxito en taquilla, la primera entrega de Los Mercenarios dejó un cierto punto de decepción. La maquinaria promocional presentó la película como un homenaje al cine de acción de los ochenta, una reunión del Dream Team de las ensaladas de tiros con las que creció una generación, sin embargo de la ristra de nombres míticos del cartel sólo Stallone tenía verdadero peso en la trama. Schwarzenegger y Bruce Willis apenas aparecían en una escena como cameo, Dolph Lundgren desaparecía a media película y tenía ausencias sonadas como Van Damme, Chuck Norris o Steven Seagal. Además las escenas de acción estaban rodadas de manera bastante irregular. Para regocijo de la audiencia, hay que decir que buena parte de estas lagunas se solucionan en la secuela, que da la sensación de que es la película que la primera quería ser. Esta vez Willis y Schwarzenegger aparecen en todo su esplendor, pegando tiros a tocho y mocho, el personaje de Dolph Lundgren crece (a su manera, claro, pegando tiros, no vamos a pedirle al sueco un monólogo de Hamlet), y se unen al reparto Van Damme y Chuck Norris, dos de los Globetrotters que faltaron a la primera fiesta. Además, la dirección de Simon West (Con-Air, Tomb Raider) equilibra la narración que avanza con fluidez entre tiroteo y explosión, explosión y tiroteo.

En ningún momento la película se toma en serio en si misma, cosa que sí ocurría en la primera, lo cual facilita que el espectador participe de la reunión de la vieja cuadrilla. Ellos son plenamente conscientes de que su tiempo ha pasado y se dedican a reírse de si mismos y a hacer guiños a los personajes que les llevaron a la fama. A tomar por culo los personajes, ellos son iconos de la cultura popular, y con eso basta para que la película se aguante y el espectador la disfrute como un enano. Un diálogo cercano al final del film resume su espíritu: refiriéndose a una antigualla de avión, Stallone comenta “debería estar en un museo”, a lo que Schwarzenegger contesta “como nosotros”. Se ríen, y todo explota.

Publicado en Cine, Críticas | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

El Barça y sus interrogantes

Ya está aquí el momento que todo culé sabía que llegaría pero en el que nadie quería pensar. El Barça saldrá a competir un título sin la estrella que durante los últimos cuatro años ha guiado no sólo al primer equipo de fútbol, sino al club entero. Cuatro años en los que Guardiola no sólo se ocupó de dirigir a uno de los mejores equipos de la historia, también a apagar los fuegos generados por las bravuconadas de Laporta y los palos de ciego de Rosell. Sólo Dios, si existe, sabe cómo evolucionará sin su superlíder un club que lleva la fractura en su genética como si fuese el fútbol de posición. Puede que el Guardiolismo haya servido para que la afición azulgrana madure, pero como en cualquier club de fútbol la estabilidad a corto plazo depende de los resultados. No cabe duda de que la apuesta de Tito Vilanova es la continuidad absoluta, como es lógico, pero esta misma apuesta por la continuidad absoluta encierra una serie de interrogantes que marcarán los resultados como ya ocurrió el año pasado.

El más importante es el nivel que ofrecerá Xavi. Con 32 años y con problemas en el tendón de Aquiles, el equipo nota muchísimo cuando el de Terrassa baja el nivel (también la selección Española, no es casualidad que el mejor partido de la Eurocopa coincidiese con el mejor del centrocampista azulgrana). ¿Cómo gestionar que tu timón ya no pueda disputar 50 partidos por temporada al máximo nivel? Esta pregunta se superpone con otra, que es cómo acabará de encajar Cesc en el equipo. El año pasado comenzó la temporada como un avión y acabó diluyéndose después de Navidad, cuando la posición de interior le obligó a controlar su tendencia al desorden y él mismo reconoce que acabó por bloquearse. Por experiencia y posición el ex-Gunner debería ser el reemplazo natural de Xavi, a pesar de ser un jugador totalmente distinto.

Otro gran interrogante está en la línea delantera. La escalofriante cifra goleadora de Leo Messi ocultó el año pasado ciertas carencias del equipo y es que en momentos clave, si falla La Pulga, al Barça le falta gol. Este defecto es consecuencia directa de la grave lesión de Villa y la irregularidad de Pedro, jugadores que en condiciones normales te garantizan entre 20 y 25 goles por temporada cada uno. Entre los dos marcaron el pasado curso 24 goles, lo que quiere decir que en el tramo crucial de la competición al Barça le faltaron cerca de 20 goles que Messi estuvo a punto de compensar él solito, pero se quedó a un palmo de conseguirlo. Teniendo en cuenta que Alexis Sánchez nunca ha sido un goleador (el año pasado con 15 goles fue su mejor temporada en este aspecto) habrá que ver si Pedro es capaz de volver a su nivel habitual y cómo evoluciona Villa con 30 años y cerca de 9 meses sin jugar. Tito Vilanova y Andoni Zubizarreta parecen tener muy claro este punto, ya que en ningún momento han parecido interesados en buscar un delantero, siempre con la carta Neymar bajo la manga (otro interrogante en si mismo).

Y en defensa, dos nombres propios, Piqué y Puyol. El gran capitán es un portento de la naturaleza, sin embargo con 34 años tiene una edad en la que la mayoría de los jugadores empiezan a cambiar el fútbol por la petanca y deberá dosificarse. El problema de Piqué es otro. Cuando quiere, es el mejor central del mundo. Seguro en defensa, exquisito con el balón y con una capacidad para tirar del carro cuando las cosas van mal pocas veces vista en un central. Los últimos meses, pero, ha parecido que el “cuando quiere” es un condicional demasiado pesado para él y cuando jugó entre lesión y lesión lo hizo disperso y despistado. Es cierto que en la Eurocopa rindió a un buen nivel, pero su carácter hace difícil ver si es una reacción pasajera o permanente. Su capacidad para sacar el balón controlado desde atrás fue vital en los éxitos del equipo. Otra gran duda es Abidal. El francés aseguró que cree que podría volver a los terrenos de juego en diciembre, pero con 32 años y un trasplante la duda no es si podrá rendir al extraordinario nivel que rendía antes de su enfermedad, es si realmente podrá jugar en la élite. Su sustituto es, además, un lateral de características opuestas. Si Abidal era la pieza defensiva que permitía compensar las continuas incorporaciones de Dani Alves, Jordi Alba es tan ofensivo como el brasileño, por lo que habrá que redefinir los automatismos defensivos del equipo.

En frente, el Real Madrid de José Mourinho es un rival formidable, con la moral por las nubes tras ganar la Liga y a su vez espoleados por la espina clavada de haber caído eliminados en semifinales de Champions por penaltis. El conjunto blanco son claros favoritos en Liga y en Champions, por lo que recuperar el trono de campeón será un reto gigantesco para los culés. Pero hay ciertos jugadores a los que los retos gigantescos les encantan.

Publicado en Balompié, Deportes, FC Barcelona, Sin categoría | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Prometheus: Alien sin alien

De todos los universos de ciencia ficción que ha creado el cine, el de Alien es uno de los más visitados, pero curiosamente a la vez es uno de los menos explorados. Secuela tras secuela, siempre ha girado en torno a una o varias de estas criaturas exterminando un grupo de humanos. Sabemos que hay múltiples planetas habitados, sabemos que hay grandes corporaciones con más bien malas intenciones, incluso sabemos que hay otras especies pululando de planeta en planeta, pero poco o nada se nos muestra de ellas más allá de pinceladas para dar color a la lucha por la supervivencia de la teniente Ripley. Hasta el punto que nada se explica de la nave alienígena en la que encuentran los huevos de la criatura, detonante de la saga. Más de 30 años después de dirigir la primera entrega, Ridley Scott se dio cuenta del potencial de explorar este nuevo terreno y se lanzó a la valiente tarea de rodar una película de Alien sin el alien, y explora el origen del ‘space jockey’ el extraterrestre fosilizado con el pecho reventado que la tripulación del Nostromo encuentra poco antes de empezar su propia pesadilla.

En el año 2093 (29 años antes de los sucesos de Alien) una Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall-Green), una pareja de arqueólogos, descubren en distintas civilizaciones imágenes similares con una misteriosa figura apuntando a unas estrellas colocadas en una misma disposición. Ni cortos ni perezosos, los dos científicos se unen a Weyland Industries (la misma corporación que trae por la calle de la amargura a Ripley en la saga original) en una misión al único planeta que encaja con la descripción. Ellos esperan encontrar a los ‘ingenieros’ una raza extraterrestre que supuestamente creó a los humanos. Pero como era de esperar al llegar a LV-223 no se encuentran con una calurosa bienvenida con globos y ganchitos.

La primera mitad del film es bastante prometedor. Nos presenta al personaje de David, interpretado con grandeza por Michael Fassbender ( Shame, X-Men: Primera generación), un robot con aspiración de humano, al que le duele que le traten de máquina, en la línea de HAL 9000 –la secuencia en la que David se encarga del mantenimiento de la nave mientras los humanos están en sueño criogénico incluso recuerda formalmente a 2001: Odisea en el espacio y lanza un guiño a Lawrence de Arabia-. Una vez llegados al planeta, la investigación cobra protagonismo y Ridley Scott y Damon Lindelof (guionista de la cinta, conocido por ser uno de los máximos responsables de Perdidos) tejen el suspense con gran habilidad. La trama engancha mientras el personaje de David fascina por su ambigüedad y por el carisma que supura Fassbender. Todo envuelto en unos escenarios angustiosos tomados directamente de los que realizó el genio suizo H.R. Ginger para Alien, y con una asombrosa escena que evoca directamente a John Hurt agonizando en el comedor del Nostromo mientras una criatura sin ojos ‘nace’ de su pecho.

Los problemas de Prometheus se acumulan en el último tercio del film, cuando queda claro al espectador que no va a recibir más respuestas a lo que está ocurriendo. El guión se pierde en una serie de giros absurdos propios de Lindelof cuando no sabe cómo resolver una trama y se dedica a marear la perdiz para acabar emplazando al espectador a una segunda parte para acabar de atar cabos. Entonces es cuando acaba el suspense, empieza la carrera por la supervivencia y la película hace aguas por todas partes. La principal razón del hundimiento es que, David como excepción, la película fracasa estrepitosamente al crear personajes interesantes. Ni Noomi Rapace (Protagonista de la versión sueca de Millennium), ni Idris Elba (The Wire, Thor), ni Charlize Theron (Monster, The Italian Job) consiguen que sus personajes interesen al espectador, con la grave consecuencia de que entonces le importa un pimiento que sobrevivan o no, desplumando todo el dramatismo de la lucha por la supervivencia que centra el último tercio de la película. Ésto lleva al espectador a salir del cine con un regusto amargo.

Sin embargo, a pesar de todos sus fallos, no se puede decir que Prometheus sea una cinta convencional. Scott es valiente al abordar el universo Alien sin plantearse el contentar las expectativas de los fans. Ni se plantea el hacer un refrito de su propio trabajo, sino que se aborda la precuela de una manera totalmente tangencial, hasta el punto que la película podría haber sido un universo totalmente distinto sin prácticamente cambios en la trama. Al más puro estilo Nolan, el director de Blade Runner y Thelma y Louise reboza su ‘blockbuster’ de una temática de carácter más filosófica, pero pasando de puntillas por ella y tratándolo con naturalidad y sin grandes estridencias. Scott tira del potente “¿de dónde somos? ¿de dónde venimos?” como motor te la historia, sin embargo éste no es el centro temático de Prometheus que se centra más en la dualidad religión-ciencia y, sobre todo, en una nada evidente y nada disimulada alegoría del mito de Prometeo. El primer tema lo cimenta sobre el personaje de Rapace, una persona creyente pero con la visión del mundo de una científica. Pero el personaje de la doctora Shaw no acaba de despegar en toda la cinta y acaba por pasar de puntillas sobre ello. Donde sí insiste el director inglés, como ya hizo en su obra maestra Blade Runner, es en el mito de Prometeo, en explorar la relación que se genera entre el creador y el creado. Y lo hace de manera doble, entre los ingenieros y los humanos y los humanos y el robot David. En ambos casos el creador trata al creado con una soberbia violenta, y el creado responde con una rebeldía que llega incluso a la sangre. Una visión coherente con lo que Scott contó en 1982 en su adaptación de la historia de Philip K. Dick.

El conjunto de todo esto hace de Prometheus una correcta cinta de ciencia ficción, pero que se ve lastrada en el último momento por su fracaso a la hora de crear personajes interesantes que convierten su último tercio en fallido. Tampoco hace ningún favor a la cinta las sobredimensionadas expectativas generadas a su alrededor, y más cuando Ridley Scott es un director que lleva tiempo en una clarísima decadencia. Confirmada ya la secuela, habrá que esperar por lo menos hasta 2014 para ver cómo atan los cabos sueltos los responsables de la saga.

Publicado en Cine, Críticas | Etiquetado , , , , , , , , , , | Deja un comentario

The Dark Knight Rises: Aprendiendo a ser Bruce Wayne

La tercera entrega de Batman posiblemente haya sido el reto más complicado que Christopher Nolan haya tenido hasta ahora en su carrera. Poco después de que se anunciara que dirigiría Batman Begins el director inglés afirmó que el mayor error de Tim Burton fue matar al Joker en la primera entrega. Nolan dejó vivir al payaso psicópata para que volviese en la tercera película, pero sus planes se truncaron con la muerte de Heath Ledger. Pero el gran enemigo era las altísimas expectativas generadas en torno a The Dark Knight Rises (esta vez me niego a usar el horripilante título español –El caballero oscuro: la leyenda renace-, como normalmente hago en este blog). Tras dos bombazos como El caballero oscuro y Origen, Nolan se situó en la cúspide de la cadena alimentaria de Hollywood, hasta tener prácticamente carta blanca para hacer lo que quiera en la Warner Bros. Las expectativas por la estratosfera, pero Nolan es un director muy audaz. Aunque quizá no lo suficiente.

La película arranca ocho años después de los sucesos de El caballero oscuro, y nos presenta un Bruce Wayne que ha colgado el traje de Batman y vive recluido en su mansión, torturándose por la muerte de su amor Rachel Dawes. Pero un nuevo villano, Bane, llega a la ciudad, lo pone todo patas arriba y el murciélago tiene que volver a salir de su cueva para salvar Gotham. Muchas cosas se le pueden criticar a Nolan, pero desde luego no que sea un tipo cobarde ni conservador. Es muy difícil, por no decir imposible, encontrar un director que haya rodado tres películas con un mismo personaje y que las tres sean tan distintas como en esta trilogía, llegando a cambiar de género en cada parte. Con Batman Begins el británico cubrió su cupo de superhéroes, en El caballero oscuro salta a un thriller policiaco y en esta última entrega opta por una épica post-apocalíptica.

No sólo eso, sino que además Nolan ha apostado por una marcada evolución del personaje a través de las distintas películas, a diferencia de lo que suele ocurrir con este tipo de sagas en las que el protagonista se mantiene estable para facilitar la reproducción fordiana de un esquema entrega tras entrega. En ese sentido, The Dark Knight Rises es la contraposición de Batman Begins y evolución lógica de El caballero oscuro. En la primera película, Bruce Wayne aprende a ser Batman; en la segunda, vemos a Batman en su máximo esplendor; en esta última entrega, Batman debe aprender a ser de nuevo Bruce Wayne si no quiere acabar autoconsumiéndose. La idea de murciélago retirado puede no gustar a los acérrimos seguidores de los cómics –donde muchas veces se retrata un Batman que sería incapaz de dejar la máscara del murciélago porque, simplemente, el vengador es el verdadero él-, sin embargo es algo que Nolan ya planteó desde el principio. Ya en la primera entrega Bruce asegura a Rachel que no Batman no será necesario siempre, y en El caballero oscuro ve a Harvey Dent como su sucesor, como el “caballero blanco” que combate el crimen desde la legalidad. El objetivo del Batman de Nolan nunca es vengar a sus padres como en las viñetas, sino triunfar donde ellos fracasaron: salvar Gotham. Para él la máscara no es una droga para paliar el dolor, sino su manera de crear un símbolo contra el mal.

Como viene siendo habitual en el director, se toma una hora larga de película preparando los mecanismos que una vez disparados convertirán el film en una bala durante su segunda mitad. El problema es que esta vez los mecanismos no funcionan tan perfectamente como en las anteriores entregas de Batman o en Origen. La película arranca a trompicones con alguna subtrama algo confusa, y le cuesta entrar en materia porque Nolan está más preocupado por colocar todos los resortes que se pondrán en acción más adelante que por el relato. The Dark Knight Rises narra dos historias de manera entrelazada. Por un lado, cómo Bane sume a Gotham en el caos –con un par de intervenciones de Batman-, y por otra el descenso a los infiernos de Bruce Wayne/Batman –con un par de intervenciones de Alfred y Bane-, hasta que convergen en el final de la epopeya. La primera es una narración coral donde Gordon (Gary Oldman), Lucius Fox (Morgan Freeman), Blake (Joseph Gordon-Levitt), Catwoman (Anne Hathaway), Miranda Tate (Marion Cotillard) y Bane (Tom Hardy) se llevan todo el protagonismo. En la segunda, Christian Bale se lleva la cámara a la cama. Derrotado salvajemente por Bane a mitad del film, Nolan hace sufrir a Batman como pocos superhéroes han sufrido en el cine, pero cuando le permite salir del infierno lo hace totalmente liberado y convertido en una suerte de mesías enmascarado. No es casualidad ni sutil que el clímax de la película, cuando Batman deja de ser un vigilante disfrazado para convertirse en una leyenda, transcurra a plena luz del día, cuando hasta ahora sólo se había visto al murciélago actuar de noche.

Pero todo este esquema funciona mejor en la mente de Nolan que en la pantalla. A la confusión con la que se narran algunas subtramas se suma que algunos momento la película roza la inverosimilitud, algo preocupante en una adaptación de carácter más realista como es el caso. Agraba la situación el hecho de que la amenaza final el manido artefacto nuclear a punto de estallar visto mil veces, cuando a estas alturas esperamos algo más del director de Memento. Además, la película tiene demasiados giros y algunos mal colocados, especialmente uno en pleno clímax final que corta de cuajo la épica y que además desdibuja dos personajes a pocos minutos del final. Si Nolan no hubiera estado tan preocupado por sorprender constantemente al espectador y hubiera adelantado la revelación a medio metraje todo hubiera fluido mejor, se podría haber explotado más y algunos actores y actrices lo hubieran agradecido muchísimo.

Del gran reparto con el que cuenta Nolan, hay dos actores que merecen una mención especial. La primera es Anne Hathaway, que transmite toda la sensualidad, picaresca y ambigüedad necesaria para ser Catwoman hasta el último momento. El otro es el eterno Michael Caine. Esta vez no tiene tanta cuota de pantalla como en las anteriores entregas, llega a desaparecer durante media película, pero cuando le toca ponerse en primera línea de combate se agiganta como sólo un monstruo como él es capaz de hacer y devora la pantalla a dentelladas. El resto del elenco está al notable nivel habitual en las obras de Nolan, sólo Marion Cotillard pincha, pero posiblemente tiene más culpa de ello un guión que le da un personaje algo cojo e indefinido durante buena parte del metraje (Como también le pasaba a Emma Stone en The Amazing Spiderman).

Todo esto no quiere decir ni mucho menos que The Dark Knight Rises sea una mala película, ni mucho menos. Varias de sus secuencias alcanzan un nivel de emotividad épica pocas veces vista en los últimos años, al nivel de El Señor de los Anillos: El retorno del rey o Braveheart. El Batman al que da vida Christian Bale es sin duda el superhéroe de mayor complejidad visto en una pantalla de cine, con uno de los descensos a los infiernos más crueles que se recuerdan. Dar cierre a una saga nunca es fácil, y menos después de todas las expectativas generadas por esta. Puede que Nolan no conduzca este final con la gracia que lo hizo en las dos primeras cintas pero sí lo hace con coherencia, siguiendo el camino marcado hasta ahora y llevando a su personaje a límites extremos, pero sin perder nunca de vista su humanidad. Batman puede ser un símbolo, pero Bruce Wayne es un humano, con todo lo que ello comporta. Llegado el momento, no tiene muchas salidas.

A pesar de que esta tercera entrega de Batman cojea, no cabe duda de que la trilogía del Caballero Oscuro será recordada muchos años como uno de los momentos más brillantes del cine espectáculo. Como intelectual, Nolan tiene muchas carencias y en sus películas plantea temáticas que le superan por completo, algo que queda claramente patente en Origen, sin embargo sus aspiraciones a hacer algo más que una película de espectáculo sientan muy bien a sus blockbusters. Cierto es que el cuando se pone trascendental el británico no sería Kant, pero al menos dota a sus cintas de una inteligencia que las saca del encefalogramaplanismo instalado en este tipo de producciones. Por ello se le sobrevalorará y se le denostará, pero mientras siga por esta senda sus películas serán un punto de luz entre producciones donde lo más importante es rodar la explosión más grande. Ese tipo de películas que hacen que salgas del cine satisfecho, y a pesar de sus muchos defectos, The Dark Knight Rises también lo logra.

Publicado en Cine, Críticas | Etiquetado , , , , , , , , , , , | 1 Comentario

The Amazing Spider-man: La historia ya contada

Hace sólo cinco años del estrenó Spider-man 3, última entrega de de la saga que desde su nacimiento en 2002 estuvo en las manos de Sam Reimi. A pesar de que pueda parecer poco tiempo para embarcarse en un reinicio de la franquicia, en este periodo han pasado algunas cosas que podrían justificar el reboot, más allá de la mediocre calidad de la anterior trilogía. La primera es El caballero oscuro con la que Christopher Nolan reinventó el Batman cinematográfico y de paso cambió la concepción de las películas de superhéroes, demostrando que estas pueden ser más que un simple entretenimiento de encefalograma plano venían siendo desde que Tim Burton abandonó precisamente la saga del murciélago. La segunda es el éxito del faraónico proyecto Los Vengadores, que pertenece al mismo universo Marvel que Spiderman. Sin embargo desde Marvel se ha insistido en que no hay intención de que el hombre araña se una a los hombres de Nick Furia ya que su universo es suficientemente amplio como para explorarlo individualmente, aunque eso seguramente sólo sea una excusa para no tener que explicar que vendieron los derechos de Spiderman a Sony antes de que se les ocurriera la idea de Los Vengadores junto a la Paramount. Descartado que este nuevo inicio fuera para adaptar al arácnido a la estética y la historia del superequipo-de-superhéroes, parecía que el proyecto podría buscar una madurez similar a la de El caballero oscuro cuando se eligió como director a Marc Webb ((500) días juntos), un director salido del circuito independiente de un perfil similar al que tenía Christopher Nolan antes de ponerse al frente de Batman Begins. Pero no logra ni acercarse.

La publicidad asegura que estamos ante la historia nunca contada de Spiderman. A pesar de que la trata de diferenciarse de la ya narrada en 2002 en Spider-man de Sam Reimi, prácticamente la primera mitad de la película es una repetición de la primera, esta con tintes insoportables de cine de high school en el que se nos presenta a un Peter Parker pringado colado por Gwen Stacy -una muy deslucida Emma Stone- pero la relación sentimental de ambos carece de la gracia con la que Webb abordó el tema en (500) días juntos, excepto por par de escenas. Volvemos a ver morir al tío Ben y al protagonista darse cuenta de que sus poderes tienen que servir para defender a los inocentes. Todo esto es media peli, a partir de ahí vemos a Spidey darse mamporrazos con el Lagarto, un malo “nuevo” que no había tenido protagonismo en anteriores entregas (aunque su personaje sí había aparecido a modo de presentación). En resumen: media película que ya habíamos visto y otra media que podía encajar con las anteriores entregas. ¿Hacía falta reiniciar la saga para esto? Por lo mostrado en The Amazing Spider-man, no. Sin embargo se apuntan elementos que quedan abiertos a ser explorados en próximas entregas que podrían llegar a justificarlo. Marc Webb sigue la línea marcada por el Batman de Christopher Nolan y usa un villano no muy conocido por el gran público como Lagarto para no quemar el archienemigo, Duende Verde, en la primera entrega y limita su presencia a un par de comentarios sobre los que, es de suponer, se cimentará el personaje en el futuro. La influencia de Nolan también se nota en la idea de no matar al malo de turno permitiendo nuevas apariciones en el futuro, algo que hasta ahora no solían hacer los films de superhéroes a pesar de ser algo característico de la mayoría de cómics en los que se basan.

Los actores se erigen como los grandes salvadores de una película que no acaba de funcionar bien en los demás frentes. Andrew Gardfield (La red social) es un señor actor que lleva marca la evolución de su personaje de criajo a héroe a golpe de distintos recursos y registros, barriendo al blandengue Tobey Maguire que encarnaba a la araña hasta ahora. Martin Sheen (Apocalypse Now) es el padre adoptivo que todos querríamos y Rhys Ifans (Little Nicky) y su cara de triste desquiciado encajan a la perfección para ser el Lagarto. Sólo Emma Stone (Zombieland) queda desdibujada, aunque ello puede deberse a que el guión no acaba de explicar cómo su personaje puede ser a la vez alumna en un instituto y ayudante en un laboratorio de super-tecnología.

La película tiene buen ritmo y entretiene a pesar de que las secuencias de acción de Webb sean prácticamente idénticas a las ya planteadas por Reimi, y que el guión tenga que cubrir sus carencias con coincidencias galácticas como que el interés romántico de Spiderman sea no sólo la hija del capitán de policía que persigue al protagonista sino también la becaria del laboratorio del malo malísimo ¡toma carambola! Iker Jiménez lo llama sincronicidades, otros lo llaman guionistas vagos/malos que no saben como atar cabos y tiran de patilladas. Sí aciertan al recuperar el humor de los comentarios burlescos del Spiderman de las viñetas que se habían quedado por el camino en las películas de Reimi, aunque eso por momentos entre en contradicción con que el personaje también parezca más atormentado por la ausencia de sus padres que en anteriores adaptaciones. Precisamente el destino de los padres del protagonista ha sido uno de los ítems principales sobre los que ha pivotado la artillería publicitaria, y es un tema que parece tener mucha importancia en la primera parte de la cinta, pero de golpe se diluye hasta desaparecer casi por completo sin explicar mucho más de lo que ya sabíamos. Aunque la escena de los créditos deja claro que será una de las tramas principales de las próximas entregas, no parece muy ético anunciar a bombo y platillo que The Amazing Spider-man narra la historia jamás contada del personaje para que al final acabe explicando casi lo mismo que la adaptación de 2002 y al final te diga “¡Eh! ¿Quieres saber lo nuevo? Pues vuelve en 2014″.

Habrá que esperar a la próxima entrega para ver si los responsables de la franquicia tenían en mente algo realmente nuevo y que justifique volver a arrancar de cero. De momento esta nueva aproximación al hombre araña nos deja una película entretenida pero mediocre, un Andrew Gardfield fantástico como el trepamuros y una historia calcada a la que ya habíamos visto.

Publicado en Cine, Críticas | Etiquetado , , , , , , , , | Deja un comentario

Una estrella en el pecho y amnesia en la cabeza

Hace sólo cuatro años, antes de la Eurocopa de Austria y Suiza, los españoles se dividían entre aquellos a los que se les hacía el culo gaseosa porque la selección lograra pasar de los malditos cuartos de final y aquellos que veían los partidos con palomitas para ver con qué nuevo azote se encontraba esta vez el combinado español. Conviene no olvidar que de esto hace sólo cuatro años. Hasta que Cesc metió el penalti que eliminó a Italia, España era un equipo perdedor. Sus imágenes más conocidas en grandes torneos eran Luis Enrique reclamando penalti con la nariz rota ante Sándor Puhl, Zubizarreta empujando un balón a su propia red ante Nigeria, el fallo de Cardeñosa, la cantada de Arconada, el penalti a las nubes de Raúl ante Francia… pocas de ellas de júbilo y alegria.

Y sin embargo, tras el partido ante Croacia, la edición digital de Marca lucía el titular “Sufrimos como nunca y ganamos como siempre”. España puede dar gracias a los dioses por tener en su plantilla jugadores no sólo futbolísticamente extraordinarios sino también personas con la cabeza sobre los hombros como Casillas, Iniesta, Xavi o Xabi Alonso, o el entorno patriotero de pandereta y fachicasposillo podría haber devorado una selección fabulosa. ¿Qué hubiera sido del equipo con este ambiente si en sus filas hubiera tendido ególatras como Balotelli, Eto’o o Cristiano Ronaldo?

España ganó la Eurocopa de 2008 de manera brillante, con una exhibiciones en las que se atropelló dos veces a Rusia, y actuaciones excepcionales ante Italia y Alemania pero con marcadores bastante más ajustadas. En la memoria, del Mundial queda el partidazo ante Alemania y el gol de Iniesta en la final, sin embargo parece que se ha olvidado que la selección de Del Bosque llegó a la semifinales a trancas y barrancas, jugándose el pase a octavos en el último partido y rozando el desastre ante Paraguay.

Y sin embargo en las horas previas al estreno de España en esta Eurocopa parecía que todo lo que no fuese descuartizar a Italia en el debut era un fracaso. Todo porque en el pecho de la camiseta española hay bordada una estrella, y olvidando que la azzurra hay ni más ni menos que cuatro. Pues resulta que se empató a uno y la nunguneada Italia dominó buena parte del encuentro.

Y como el fútbol es así de cachondo, 21 días después España vuelve a toparse con Italia en la final de Kiev. Como en el Mundial de Sudáfrica, la selección española ha llegado a la final sin excesiva lucidez, pero en este caso se suma a la ecuación el sesgado debate del falso nueve en el que se reduce el origen de los problemas de juego a la punta de ataque sin tener en cuenta que el doble pivote del centro del campo atasca alarmantemente la salida de balón. Además, se suma el preocupante estado físico de Xavi Hernández al que le está costando demasiado aparecer en los partidos de manera continuada. Italia ha llegado a la final de la manera que nos tiene acostumbrados. Llegó al torneo con un escándalo por amaño de partidos en su liga, en la fase de grupos bailó en el filo de la navaja tras empatar contra Croacia y luego ha crecido en las eliminatorias hasta llegar a eliminar sin paliativos a una Alemania a la que le empezaba a crecer un aura de imbatibles. Además, Prandelli le ha dado una nueva cara al equipo enviando al olvido el catenaccio y buscando el control del partido a partir de la posesión de balón.

España es un equipo que parece ir a menos, y sin embargo está a las puertas de lograr algo que nunca antes ha sido logrado (ganar Eurocopa, Mundial y Eurocopa de manera consecutiva). Italia ha ido a más, de ser un equipo con el que nadie contaba a mostrarse como un rival formidable. La Brunete mediática española tiene una vomitiva tendencia a sobreexagerar éxitos y derrotas basándose en elementos muy superficiales. Si gana España, no faltará quien diga que es la mejor selección de la historia como si el fútbol sólo existiese desde el gol de Torres en Viena. Si pierde, que la posesión de balón no vale para nada y que hay que chutar más, olvidando totalmente los formidables éxitos de este equipo y de esta forma de jugar en los últimos años. Posiblemente pedir memoria en el fútbol sea algo naif, pero si Casillas levanta la copa otra vez, será un gran momento para recordar, por ejemplo, la tanda de penaltis contra Bélgica en Mexico 86. Y si lo hace Buffon, el control de Iniesta ante Stekelemburg.

Publicado en Balompié, Deportes | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Moonrise Kingdom: El primer amor, según Wes Anderson

Puede haber pocas cosas más satisfactorias para un director de cine que el que alguien reconozca una película como suya con ver sólo unos pocos fotogramas. De todos los cineastas actuales, Wes Anderson es posiblemente el que tiene un estilo más marcado, tanto audiovisual como a la hora de tratar las historias y los personajes. Ritmo rapidísimo, barridos de 360º, tono tragicómico y personajes de psique politraumatizada son algunos de los elementos que se repiten sistemáticamente en el imaginario del director texano. Pero lo más característico de es la voluntad pictórica de sus planos. Casi cada uno de sus encuadres podría estar colgado en la pared de un museo. Colores alegres, pastelosos y vintage que parecen sacados de Instagram contrastan con relaciones y personajes totalmente disfuncionales. Moonrise Kingdom es una película bella. Entra por los ojos y también por los oídos gracias a una excepcional banda sonora -Anderson es tal vez, junto a Tarantino, el director más hábil a la hora de mezclar imágenes y música-. El tono agridulce y surrealista de la narración, la gama de colores usada en la cinta y la música le dan a la historia un tono de cuento que hipnotiza al espectador desde el primer plano y que no lo suelta hasta los créditos.

La trama es más bien sencilla y sólo sirve de trampolín para realizar un retrato psicológico de los dos niños que protagonizan la cinta. Sam es un boy scout huérfano e impopular que tras un año carteándose con Suzy -una chica con graves problemas a la hora de controlar su ira- deciden fugarse juntos. Inmediatamente se organiza una singular partida de búsqueda en la que participan desde los padres de Suzy hasta un grupo de boy scouts convertidos en un homenaje a los Malditos Bastardos de Tarantino. A pesar de la espectacularidad del reparto compuesto por grandes nombres como Bill Murray, Edward Norton, Frances McDormand, Bruce Willis, Tilda Swinton o Jason Schwartzman, todos son eclipsados por la pareja protagonista, Kara Hayward y Jared Gilman. Ambos asumen totalmente el peso de la narración, convirtiendo al resto del reparto en simples herramientas que sirven para explicar la forma de ser de sus personajes. Son desde ya dos nombres a seguir, especialmente ella, que interpreta extraordinariamente a una preadolescente convertida en toda una montaña rusa emocional. La química entre ellos es absoluta y el aura de inocencia y melancolía que desprenden marca como un diapasón el  de la película.

En parte gracias al gran trabajo de los actores, y también al ritmo imparable con el que se narra, la trama no pierde interés a pesar de su relativa simplicidad, como sí ocurría en Life Acuatic, aunque en ningún momento alcanza la calidad y la electricidad de The Royal Tenenbaums. Pero el estilo de Wes Anderson no da signos de desgaste a pesar de que lleva más de quince años explotando unos recursos tan particulares como los suyos. Claro que esta gran virtud también se convierte en su gran debilidad. Primero porque, a pesar de su capacidad hipnótica, ya no sorprende tanto como antes; y segundo porque, evidentemente, a quien no le gustara sus anteriores películas difícilmente le podrá gustar Moonrise Kingdom. Pero ni sus más acérrimos detractores podrán negar la singularidad de su forma de retratar el mundo. Y eso ya es una victoria para Anderson.

Publicado en Cine, Críticas | Etiquetado , , , , , , , , , , | Deja un comentario

The Newsroom: Lección de (y oda al) periodismo

Las expectativas son algo muy peligroso. Y cuando se cruzan el nombre de Aaron Sorkin y las siglas de la HBO las expectativas pueden tomar una altura muy notable. El ala oeste de la Casa Blanca fue uno de los primeros eslabones de la gran generación de series que hoy pueblan la parrilla televisiva norteamericana. La era dorada de la televisión ha alcanzado su máxima expresión en la HBO con obras maestras como A dos metros bajo tierra, The Wire o Los Soprano y no parece querer bajar el pistón con  Boardwalk Empire o Juego de tronos. Juntarlos a ambos era prometedor, quizá demasiado. Pero hay pocos cosas más gratificantes que tener altas expectativas sobre algo y que estas sean superadas.

Las series son un tipo de narración que requieren un proceso de maduración, dejar que los personajes vayan creciendo y que las tramas vayan tomando forma, no es como una película en que todo puede estar perfectamente medido desde el primer minuto. Por eso el nivel del primer episodio no es necesariamente un indicativo del nivel que tendrá la serie. Un mal piloto puede resultar en una gran serie (como es el caso de la española Museo Coconut) y un piloto sobresaliente puede desembocar en una serie floja (como The Walking Dead), aunque no suele ser la dinámica habitual. En el caso de The Newsroom estamos ante el que tal vez sea el mejor piloto de los últimos años, a la altura del de A dos metros bajo tierra o el mítico piloto de los patos en la piscina de Los Soprano.

En su nueva serie, el guionista de La red social se lanza a degüello a relatar los problemas a los que se enfrenta el periodismo moderno. Will McAvoy (Jeff Daniels) es un presentador de noticias que ha alcanzado el éxito gracias a no molestar a nadie. En una arrolladora escena inicial en la que tras ser apretado por el moderador de un debate para que de una respuesta mínimamente comprometida, explota humillando a una estudiante que le había preguntado por qué Estados Unidos es el mejor país del mundo: resulta que Estados Unidos no es el mejor país del mundo. El incidente provoca una espantada general de su equipo, y el proceso de renovación de la plantilla de Will es liderado por una antigua relación (Emily Mortimer), que tras años como corresponsal en los lugares más peligrosos del mundo vuelve a una redacción convertida en un huracán.

Llega el primer teletipo, llegan los primeros conflictos. El 20 de abril de 2010 la plataforma petrolífera Deepwater Horizon, arrendada por BP, explotó a 80 kilómetros de la costa de Louisiana. Mientras las agencias informan de la imposible operación de rescate entre llamas de 45 metros de altura, dos llamadas telefónicas ponen a la redacción en una nueva dirección: No sólo no se tiene ni idea de cómo frenar el vertido sino que los materiales usados en la explotación no habían superado las pruebas previas. Entonces empieza el debate que atenaza a los periodistas actuales: ¿Jugamos la carta segura de la operación de rescate o nos lanzamos al cuello de gente que podría acabar con tu carrera? ¿Hacemos el trabajo como soñábamos al entrar en la facultad o aseguramos que el salario llegue a casa a final de mes? ¿Tomamos el camino fácil de seguir la estela de las agencias o creamos nuestras propias noticias a riesgo de encontrarnos en un callejón sin salida en el peor momento?  ¿Nos jugamos el encontrarnos una demanda al volver a casa?

Era cuestión de tiempo el que Aaron Sorkin abordara el mundo del periodismo, ya que él mismo ha tenido siempre cierta vocación periodística en sus obras, desde El ala oeste de la Casa Blanca a La guerra de Charlie Wilson pasando por La red social o el futuro biopic de Steve Jobs. Desde la cabecera, The Newsroom mantiene todos los elementos que han caracterizado al guionista newyorkino: diálogos veloces, con largas parrafadas y sentencias contundentes, y por supuesto esas conversaciones cruzadas de personajes que van caminando por pasillos que se convirtieron en imagen de marca de El Ala Oeste de la Casa Blanca. Hay quien critica a Sorkin por sus diálogos imposibles, porque sus personajes lanzan largos monólogos sin atascarse, improvisando potentes argumentos como quien comenta el tiempo. Y es cierto, pero una de las primeras lecciones a la hora de escribir diálogos es que los personajes nunca hablan igual que en la vida real, sólo parece que lo hacen. Y en el caso de Sorkin lo parece, aunque sólo sea porque su velocidad no te da tiempo a pensar que ese tipo habla demasiado bien y porque lo que dicen sus personajes es condenadamente interesante. También se mantiene ese tono políticamente alineado que el autor, ferviente demócrata, nunca se ha molestado por ocultar.

Junto al excepcional reparto, algo que se da por supuesto en una producción de la HBO, el gran acierto de la serie es el hecho de tratar noticias reales con la perspectiva que da poder analizarlas dos años después. Con esto Sorkin le da un peso tremendo a su tesis, dejando que la serie se mueva en un espacio indefinido en que parte es real y parte es ficticio, pero en la que incluso esta parte podía haber ocurrido en cualquier redacción, casi en la línea marcada por JFK de Oliver Stone.

No cabe duda que The Newsroom tiene todos los elementos para convertirse en uno de los buques insignia de la HBO, por el momento el piloto ya es de visión obligada en las facultades de periodismo. No únicamente por la calidad de su factura, sino también por la voluntad de denuncia social con la que puede tomar el relevo de The Wire. La información es la base para una sociedad libre, y más durante una profunda crisis económica de la que no se acaba de ver la salida. Una persona que no sabe qué está ocurriendo o qué puede pasar es una persona a la que se le puede asustar fácilmente, y usando el miedo puedes conseguir que una persona haga casi cualquier cosa que quieras. De sociedades desinformadas y miedosas han salido los peores regímenes de la historia de la humanidad. Y hoy la calidad de la información está cayendo en picado.

Publicado en Series de televisión, Televisión | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

La dictadura del click (o drama del periodismo digital)

Un hombre sobrevive a ser alcanzado por un rayo en el escroto” o “la entrepierna más famosa del mundo” son dos de las noticias más visitadas en este momento en las webs de dos de los periódicos más importantes de nuestro país. En este ranking también podemos encontrar otros hechos trascendentales para la humanidad como “dos borrachos amanecen con un pingüino y no se acuerdan de nada” y por supuesto una ristra de titulares sexuales como “los mitos del sexo anal” o “la vagina sorprende a los científicos”. Y estamos hablando de medios presuntamente serios, no prensa amarilla ni deportiva.

Con el salto de papel al formato digital, la prensa escrita ha cambiado su rol dentro del periodismo. Ha abandonado su rol de análisis y reflexión sobre la noticia para encajarse entre la inmediatez de la radio y la espectacularidad que proporciona la televisión. El periodista ya no tiene horas para tratar la información sino que lo tiene que hacer para “hace cinco minutos” para tener la noticia publicada antes que la competencia. El resultado no podía ser otro, hasta el punto que varios medios pueden llegar a publicar una noticia errónea por no tener tiempo (o ganas) de contrastar sus fuentes. Pero en el fondo esta carrera por dar la noticia antes que los demás es más vieja que el pan y ahora sólo se ha exagerado. La culpa es de los propios medios escritos por querer entrar en una competición de velocidad que hasta ahora no era realmente suya, acostumbrando al lector a artículos cortos, superficiales y mal escritos. La culpa del bajo nivel del periodismo digital no es de nadie más que de los periodistas… ¿o no?

Volvamos al principio: rayos que entran por el escroto, borrachos que se despiertan con pingüinos, entrepiernas famosas… todas ellas son las noticias más vistas del día. En un fin de semana en el que Europa podría dar un golpe de timón a su política económica según el resultado de las elecciones francesas o en el que pueden dar pasos importantísimos hacia el final de ETA los lectores prefieren ver piezas que no deberían pasar de breves en la prensa más amarillista. Y ese es el verdadero drama del periodismo en la era digital, los ‘clicks’. Por primera vez en la historia del periodismo, se tiene información directa de cuales son las noticias más leídas de una publicación (aunque sería más exacto decir que son las más visitadas) y hay pocas cosas más desalentadoras que mirar estas listas. ¿Con qué ánimo encara alguien un reportaje trabajadísmo sobre la situación del Euro si sabe que un video de un tipo disfrazado de oso pegándose una castaña tendrá el triple de visitas? Y más en tiempos donde las empresas periodísticas despiden trabajadores a mansalva ¿sale rentable tener a un trabajador una semana trabajando en un reportaje cuando tenerlo copiando teletipos de noticas divertidas o sexuales genera muchas más visitas? Y más visitas son más ingresos.

Es cierto mucho de lo que se dice del bajo nivel del periodismo en los últimos años. Sin embargo es un gran error culpar únicamente al periodista. Nada agrada más al buen periodista –que los hay- que tratar con rigor y profundidad una noticia importante. Pero, más allá de las lamentables condiciones en las que muchas veces se tiene que trabajar, es muy triste que mientras tanto se tenga que preguntar “¿para qué, si la gente prefiere leer sobre un tío al que le cae un rayo en el escroto?”.

Publicado en Grandes Momentos de la autoproclamada prensa seria, Periodismo | Etiquetado , , , , , | 2 comentarios